Desahogo y reseñas

Reflexiones

Ridículas esquirlas

mayo 30, 2020

Ridículas esquirlas

Porque son cosas ridículas, que no se pueden decir. Pero pesan una tonelada cada una, cuesta levantarlas del concreto incluso entre dos.


Entonces comenzó a bajar poco a poco el freno de mano. Sentía el derrape y el desgaste por frenar intempestivamente. Pero lo prefería. Se estaba dejando llevar y eso nunca había salido bien, siempre terminaba en saldos rojos.

Empezó a crear visualizaciones mentales que asociara con apagar o desaparecer y cuando sentía riesgo las invocaba para relajarse y borrar dos segundos los latidos de su corazón. Llevaba años empleando con cuidado esos trucos en situaciones de crisis. Siempre funcionaba.

Las primeras veces, hace algunos años, sin querer había condenado todo lo que sentía. No pudo regresar en cierto punto del camino. Sin embargo, ahora lo controlaba mucho mejor, pues podía ya ir y venir en libertad sin temor a quedarse estancada.

Habría querido enseñar a sus amigos más especiales sus trucos, pero esa habilidad venía con un cancer que quemaba el pecho, y no era un precio que estuviera dispuesta hacer pagar a sus amigos. Además existía el riesgo de que ellos no llegaran a dominarlo y podían herir y herirse innecesariamente en la travesía.

La ejecución de esa habilidad la hacía sentir segura, le hacía poder quedarse, porque entonces podía controlar el miedo. Controlar. Siempre había algo que sentía necesidad de controlar, aquello le generaba paz. Lo desconocido causa terror, así funciona el ser humano desde siempre. El miedo nos protege.

Comenzó entonces a activar los seguros y a hacerse promesas a sí misma. «No dejaré que…» «A pesar de … no cambiaré mis planes sobre…» «Tengo prohibido detener/cambiar mis bocetos de… con tal de no alejarme de él otra vez.»

No, no eran cosas que él le pidiese hacer pero debía mantenerse consciente de a donde no quería volver, que camino no quería volver a atravesar. Que agujas de rueca no quería volver a tocar. No había dormido cien años para volver a caer en el hechizo.

Se había dado cuenta de que debía de ser más fuerte esta vez y se percataba de que estaba volviendo a bajar la guardia. Se prometió ejecutar con más frecuencia esas mentalizaciones. Haría todo con tal de no ir más adelante que él. No otra vez. No.

Había memorizado algunos trozos del camino anterior ya fuera de él, esto para lograr reconocer patrones peligrosos o advertencias y focos rojos. Si quería salir entera está vez, tenía que prestar toda la atención posible. Quería llegar lejos, no caminar rápido.


    Amo casi cualquier forma de arte. No puedo vivir sin bailar ni respirar una semana seguida sin escribir. Las letras son mi refugio, y el baile mi manera de exhalar. Tengo 21 años y estudio Mercadotecnia y Medios digitales en México. Todo lo que ven aquí son pedacitos de mí que quise meter en este baúl, son libres de acabárselos a críticas. Al final del día, los lectores hacen al escritor.



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