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Reflexiones Textos

Éramos para siempre

noviembre 21, 2023

Éramos para siempre

Hoy recordé que hace exactamente 4 años nos dimos nuestro (nuestros) primer beso. Lo recordé en un momento inoportuno, de la nada, y con el recuerdo, se vino a mí un torbellino de muchos recuerdos más, todo un recorrido de nosotros en cámara rápida: tomándonos la mano, tu bailando alrededor de mí, nuestras risas, tus besos, tu sonrisa, nuestras platicas y diferentes momentos. Fue abrumador recordar tantísimo en cosa de segundos.
No tiene nada de malo decidir de vez en cuando sentirse muy mal. Usualmente quiero empujar el sentimiento y cuando las lágrimas comienzan a salir, me doy lástima, entonces digo en voz alta: Dios mío por qué tengo que sentir esto. Dios mío, ¿qué hice para merecer estos sentimientos? Dios mío, por favor apiádate, ya no quiero este dolor, ya no quiero la ausencia, ya no quiero vivir un día más con esto en mi corazón.
Pero Dios no cumple deseos y caprichos, así que hoy decidí que no tenía nada de malo llorar, recordar, reírme y extrañarte.

Y así, con el recuerdo de ti tan latente en mí puedo decirte:

Han sido días donde te he extrañado más que nunca. Extrañarte no me es raro, estaba acostumbrada a hacerlo, pero era diferente, porque ahora sí no estás de ninguna forma y no puedo ni decírtelo.

Hace un par de días reflexioné que te amé siempre sin ningún “pero”, que en mi amor hacia ti no existía ningún pesar. Jamás dije “Te amo a pesar de…”, porque no se me complicaba en lo absoluto querer cada parte de ti. Yo decidí abrazar todo como mío y lo dejé vivir en mi corazón sin ningún problema, porque nunca fuiste un problema. Amarte fue sumamente sencillo, porque veía y encontraba algo sin igual, algo diferentísimo a todo lo que alguna vez imaginé. Amarte nunca fue complicado porque en ti tenía más de lo que en mis mejores sueños llegué a desear y lo que a Dios llegué a pedir.

No es que te viera como la persona más perfecta, conocía tus defectos, había cosas que no me gustaban, pero me hacían amarte igual porque te hacían exactamente la persona por la que caí rendida.

Hoy, ante la avalancha de ti, además de dolerme, me sentí afortunada. Yo tuve la gran bendición de tenerte en mi vida, de conocerte y de saber quién eras, siento que pocas personas van a entenderme, incluso creo que a veces tú eras incrédulo a mis palabras, pero lo digo en serio: qué maravillosa persona eres.

Además de decidir abrazar los sentimientos de hoy, por cumplir los 4 años de ese primer beso, también decidí escuchar cada canción que me dedicaste. No lo sabes, pero te lo digo ahora: no he escuchado casi nada de música en meses porque hay tantas canciones nuestras que me es imposible escuchar ahora. Hoy fui más valiente y escuché a propósito todas las canciones que llegaron a formar parte del “nosotros” y cuántos recuerdos más salieron de ahí.

Me impresiona muchísimo cuánto vivimos, cuánto fuiste parte de mí, cuánto sigue habiendo de ti aquí y en cada lugar al que voy. Te tengo en mi mente siempre, estás presente a donde sea que me dirija… no sé qué pensar respecto a eso todavía.

Pero volviendo a las canciones, especialmente de aquella playlist que me entregaste en septiembre del 2021, ¿me estabas preparando? En ese momento algunas me sacaban de onda, pero hoy es como si desde entonces me hubieras dicho que no era por siempre, o no sé, no tengo forma de saberlo.

Yo al menos nunca te mentí cuando te dije que te quería por siempre, que veía mi vida hecha contigo porque eras lo mejor de mi vida y la pareja con la que quería llegar a viejita, pero esas canciones de alguna forma me dicen hoy que no había posibilidad de que eso pasara, pero nuevamente, no lo sé y no puedo saberlo.

Esa es otra cosa que he aprendido estos meses, también te lo agradezco (en parte), aunque hubiera estado increíble aprender esta lección de otra manera: no tengo que saber y está bien, no tengo que saber todo y está bien.

He aprendido a aceptar que no sé y que no tengo por qué saberlo. He aceptado que esto es lo que estoy viviendo y que no debo por qué tener cada respuesta. No te miento, hay días de mucho desespero donde quiero ir hasta ti, sacudirte y sacarte cada maldita palabra para poder procesarlo todo, pero respiro profundo, vuelvo a llorar y acepto que no tiene por qué ser así.

He aceptado algunas derrotas, he aceptado cosas que nunca creí aceptar, ¿estarás orgulloso?, ¿estarás impresionado?, ¿te lo esperabas? Pues no lo sé, y está bien no saberlo.

Escribo esto como sale de mi mente sabiendo que no lo vas a leer: Y ESTÁ BIEN, te digo, cada vez acepto más cosas que antes ni de chiste aceptaría.

Mi corazón sigue siendo tuyo porque esto no es una carrera de quién lo hace más rápido. Por primera vez (increíble ¿cierto?) no estoy compitiendo.

Hace 4 años comenzó esta historia, no me arrepiento de absolutamente nada, incluso el dolor de hoy me hace darme cuenta de que cada segundo contigo valió toda la pena del mundo.

En mi mente y corazón estás grabado como mi primer verdadero amor.

Y así termina este diálogo conmigo.

No tiene nada de malo decidir sentirse muy mal ante los recuerdos, no tiene nada de malo un corazón roto, no tiene nada de malo seguir amando. Incluso, es hermoso poder decir que el amor, en esta intensidad, exista, se haga presente y nos recuerde que hay bellezas que no podemos encontrar dos veces, qué fortuna la mía haber sido parte de algo tan magnífico, enorme y precioso.


    Escritora.



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