Desahogo y reseñas

Reflexiones

La muñequita del cristal

mayo 30, 2020

La muñequita del cristal

Las chicas tenemos un deber impuesto socialmente de vernos bien, de ser esto, de ser el otro. Los varones tambien. A nosotras la sexualidad objetivadora nos puso en un aparador y a ellos enfrente de la vitrina.

Been there, done that

Cuesta mucho trabajo salir de querer verse bien para el otro, incluso inconscientemente.
Me causa sarpullido que ellos nos pidan vernos así, ponernos asá, vestirnos con esto, probar para complacerlos. El pedir y nunca preguntar.

La sociedad nos puso en una posición obviada para sentirnos con la obligación de cumplir. Entonces ellos pueden estar como quieran sin pensar en que estaría cool que si se les va a antojar una cosa, se sentiría bien que ellos se adornaran con un six pack o una espalda fuerte.

No es te doy esto y tú me pagas con tantas monedas de plata. ¿Cómo hablo de lo que las chicas quieren sin que digan que me estoy perdiendo en el juego? ¿Porque cuesta tanto hablar de equidad en deseos y caprichos sin sentir miedo a ser señalada?

Son acuerdos de pareja. Si no hay acuerdos no hay relación, porque la ausencia de acuerdos pesa como lápida y ceder al peso vuelve cenizas los sentimientos. Amar sanamente también implica estar sano. El desgaste erosiona la salud emocional.

Si fuéramos almas sin cuerpo no habría un factor físico en las relaciones de pareja. No es materialista, es lógico terminar involucrando el contacto físico y la sexualidad cuando se habla de pareja.

Me molesta sentirme mal por pedir yo también lo que se me antoja, así que termino sin pedir.
Me cuido porque me gusta sentirme bien conmigo misma, y alguien que no se cuida no me va a venir a explicarme cómo sí y cómo no me tengo que cuidar. Fin.

Soy carne, no plastilina.Y en algún momento me di cuenta de que si quería tenerlo claro conmigo misma, también tenía que dejárselo claro a los demás.


    Amo casi cualquier forma de arte. No puedo vivir sin bailar ni respirar una semana seguida sin escribir. Las letras son mi refugio, y el baile mi manera de exhalar. Tengo 21 años y estudio Mercadotecnia y Medios digitales en México. Todo lo que ven aquí son pedacitos de mí que quise meter en este baúl, son libres de acabárselos a críticas. Al final del día, los lectores hacen al escritor.



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