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Perdón (a mí y sólo a mí)

abril 15, 2020

Perdón (a mí y sólo a mí)

Me prometí a mí misma hace unos tres años no volver a escribir sobre ti, pero hoy las cosas me sobrepasaron un poco y tengo que hacerlo, tengo que sacar lo último de tu persona.

Este texto será atropellado, imprudente, no sé si vea la luz (aunque sí quiero); también será lo que hace mucho ya no soy y traerá de vuelta recuerdos que me he esforzado por enterrar. Tengo los nervios recorriendo todo mi ser porque siempre que se trata de ti es así…

Mi necesidad de llorarte es grandísima, cuánta imprudencia la mía por no haberlo hecho tan bien en su tiempo (porque vaya que lloré en los días donde más tuve que hacerlo) y esa misma necesidad me llevó a preguntarme qué sería de ti.

Nada de esto fue casualidad, eliminando fotos viejas de mi teléfono me encontré con una captura de pantalla de hace unos meses donde me hostigabas para vernos. No te contesté, tomé la captura y decidí darle el teléfono a mis amigas (Esme y Ana) quienes te eliminaron y bloquearon. No te quise ni buscar, estaba harta de ti y de tus mensajes tan imprudentes; eso fue todo de ti por un tiempo.

Viendo hoy esa captura recordé lo que había pasado un mes (o par de semanas, la verdad no lo recuerdo) antes de tus últimos mensajes, la manera en la que me acosaste toda la noche con comentarios tan fuera de lugar, la manera en la que querías que te besara cuando yo no quería ni estar cerca tuyo, la manera en la que tomaste mis brazos con esa fuerza que nos llevó al forcejeo, y recuerdo el miedo que me invadió pensando en que por fin, después de cuatro años en ese horrible vaivén ibas a llegar a la violencia física.

En mi cabeza grité “¡ya basta!” y me hice sentir el dolor de ti diciéndome todas esas cosas espantosas años atrás. Me obligué a recordar nuestros peores momentos, a ponerme en el momento exacto, cuando unos meses antes, hiciste que todos los recuerdos lindos que tenía de ti se convirtieran en otra clase de horror ¿lo recuerdas?

Confesaste lo que por tanto tiempo no quise ver, casi fuiste capaz de decir, con todas las letras, que las cosas bonitas habían sido para manipularme y luego poder someterme (me entristece mucho aceptar que lo hiciste). Fuiste alguien que me sometió tanto y de diferentes maneras que casi me pierdo por completo.

Hoy te busqué con rabia. Quise desbloquearte para preguntarte por qué fuiste tan cobarde, por qué tenías que hacerme todo eso, por qué me gritabas cosas tan hirientes, por qué actuabas de manera tan indiferente cuando más te necesitaba, por qué me dejaste necesitarte, por qué me hacías sentir menos cada maldito segundo, por qué necesitabas tratarme como lo peor en la existencia humana… no estabas.

Me reí y dije “pendejo”. Parece que te tragó la tierra. No estabas. Parece que sabías que era mi turno de ir por ti. No estabas… pero es que, tremendo cabrón, nunca estuviste.

Comencé a llorar porque creí que sí era necesidad decirte todo esto, pero mientras te buscaba me di cuenta de que no. Mi necesidad es otra, aún no es perdonarte pero sí perdonarme. Perdonarme por dejarte entrar varías veces después de estar fuera. Perdonarme por lo ingenua. Y perdonarme por culparme de todas las heridas que abriste y de las que jamás te arrepentiste.

Eso sí, descubrí que no era tu deber cerrarlas, es más, te disculpo yo a ti por no disculparte nunca; y aunque no lo creas, mis heridas se han ido cerrando y otras ya hasta han cicatrizado, no por ti (jamás por ti), a veces ni por mí misma.

Te encontré en Instagram… reconocí la sonrisa y adivina qué, no sentí absolutamente nada. No me sentí ni tentada en mandarte mensaje para que respondieras a los por qué, yo solita puedo responderlos y poco a poco lo he hecho.

Es lo último de ti en el sentido de que, de lo que me hiciste ser, ya no hay nada.

Me entristece un poco saber que chance tenga para siempre esta cicatriz que dejaste por tu estadía en mi vida (perdón, yo misma, pero es inevitable). Al menos verla me recuerda la persona tan espantosa que no quiero volver a ser; me recuerda a gritos y patadas la clase de persona con la que no quiero volver a compartir vida, tiempo, espacio; me recuerda a caricias cariñosas que me debo muchas disculpas, amor y abrazos.

Sí estoy llorando, todavía me duele esa persona que se creyó tantas mentiras y que se hizo menos por años… al menos hoy ya puedo reconocerlo.


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    Hugo

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    Morado


    One comment
    1. Alamoda

      No tenías la madurez que ahora tienes. Eras una Z bebe. Ahora tienes más armas a nivel emocional y mental. No te sientas culpable porque no tienes los mismos ojos de ese entonces, por eso antes no podías ver.

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