Desahogo y reseñas

Reflexiones

Dolor Luctuoso.

marzo 18, 2018

Dolor Luctuoso.

¿Cómo es posible sentir tanto dolor sin sentirlo en el cuerpo? ¿Cómo es si quiera posible el dolor? ¿Es algo real?

Los recuerdos de unos cuantos minutos sólo se reproducen en cámara lenta, luego de eso, todo es rápido y doloroso.

Se quitó los audífonos unos segundos antes, hubiese deseado nunca hacerlo. El auto estacionó y una ambulancia llegaba al mismo tiempo, se asustó. Mientras unos hacían las cosas rápido, alguien sólo se quedó parado, esperando a que todo fuese una falsa alarma. Le dijeron “está muerto” y al entrar sólo pudo escuchar llantos; no supo que hacer, no quería acercarse y constatarlo. Se sentó en el sillón cercano a la puerta y comenzó a llorar sin sentir ganas de hacerlo. Volvió a mirar a donde todos estaban y esta vez decidió ir. El cuerpo yacía en el suelo mientras que su cabeza estaba recostada en la cama. Entonces se dio cuenta de que era verdad y esta vez lloró en serio ¿es posible el dolor? Recuerdos inundaron su memoria, tanto que no podía pensar en nada que no fuese el muerto cuando estaba vivo, ni siquiera podía pensarlo en sus últimos años, lo pensaba cuando todo era más colorido, más alegre.

Mandó un primer mensaje esperando consuelo sin saber que nunca nada lograría consolarle en serio, pero al menos quienes le amaban lo intentaron. Lágrima tras lágrima, todo era más borroso; lágrima tras lágrima todo era más horrendo.

Pensaba en Dios y le decía “¿cómo pudiste hacer esto sin prepararnos?”, la sensación era terrible, no había respuesta posible que lograra tantita calma. Fue cuando se dio cuenta, después del primer impacto, que tal vez estaba siendo egoísta, que había otros que lo sentirían más. Así que hizo lo posible por calmarse en soledad… fracasó. Todo el luto permaneció en un estado egoísta, porque le dolía y porque le quería.

Pensó “de suerte me vine de negro” sin saber horas antes que se estaba arreglando para hacer valer el color de la muerte. Como se dijo, todo fue rápido después de eso.

Se colocó un moño negro y los servicios funerarios actuaron con rapidez, todo era un aparatoso paisaje, paisaje que odió y que deseó nunca volver a ver. Ahora el cuerpo estaba recostado en un ataúd abierto, porque así lo quisieron todos, adornando su rededor con flores muy bonitas, coronas, velas y cruces. Parecía que se festejaba lo que había sido en vida haciéndelo honor a su cuerpo quieto.

Nada nunca había sido tan personal, y dolía, dolía que fuese algo tan cercano que lograba golpear su alma… definitivamente alguien estaba siendo egoísta. Sollozos se escuchaban y eran el pretexto perfecto para sollozar también. No sabía qué tan amado era su ser querido.

Esa misma noche se celebró una misma muy personal, asistió un harto de personas y todos estuvieron de acuerdo de que en serio dolía, ¿por qué les afectaba tanto? El sacerdote dijo cosas hermosas y el llanto se hizo más intenso, tan intenso que sus mejillas y ojos ardían de las lágrimas que no podían dejar de salir.

Nada nunca le había dolido tanto, pero se dio cuenta de que no sólo era la afirmación de que estaba muerto, de que no lo vería, abrazaría ni le diría “te quiero” de nuevo (definitivamente mucho dolor se desprendía de eso), era también todo ese querer que no se pudo expresar antes, todo aquello que faltó compartir, no sólo era lo que “faltaría hacer”, sino todo lo que alguna vez fue. Todo el amor que se pudo expresar dolía, pero al mismo tiempo, calmaba.

¿El dolor es algo real? El dolor, definitivamente, es algo más del alma que del cuerpo. Se dio cuenta de que los sentimientos siempre fueron reales y que verdaderamente amaba a esa persona a la que ahora, contantemente dice “descansa en paz”, el dolor aún sentido ahora es parte de una nueva etapa de amor, etapa en la que pide a Dios que esté por favor en el cielo siendo más feliz que nunca, más sano que nunca, más fuerte que nunca. El dolor hizo que naciera un orgullo grandísimo de sus sentimientos y ahora sabe que el dolor no es siempre algo negativo.

La última vez que vio su cuerpo, decidió darle un beso. El cuerpo estaba muy frío y rígido, sus lágrimas no tardaron nada en salir, una persona que amaba le abrazó con fuerza, se dio cuenta de que el cuerpo no es nada, aunque represente mucho. No se arrepiente de ese último beso, definitivamente símbolo de dolor de un luto permanente. Fue cuando se dio cuenta de que el luto no sólo significa estar triste y llorar por los recuerdos, significa recordar y ser feliz con eso, que aunque el dolor permanezca, el amor incluso se hace más fuerte.

Los recuerdos se vuelven un suave perfume que se queda en el aire como algo agradable pero intocable.

***

Nota: esto es algo un poco personal, pues es mi primera experiencia personal con el luto. Sé muy bien que aunque haya una segunda, tercera o hasta cuarta, todas van a doler muchísimo de diferentes maneras. Pero espero, al menos, poder manejar mejor la situación.

El amor nunca se va de nosotros, nunca.

-Z.


    Escritora.


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