Desahogo y reseñas

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Pensadores Extraños

marzo 24, 2018

Pensadores Extraños

PENSADORES EXTRAÑOS

En calidad de pensantes ambos son algo distinto, pero piensan, y mucho.

No se desmerita a otras clases de pensadores, sí en plural porque según lo políticamente correcto debemos ser más inclusivos, pero estos pensantes, a los que nos referiremos hoy, son esa clase de pensantes que le hace falta al mundo.

Por una parte está ella, con carácter extrovertido aunque también con algo muy amargo. Siempre pensando sobre conceptos muy generales que le hacen desglosar por parte hasta llegar casi siempre a la desgraciada metafísica. Ella siempre pareciendo pertenecer a otro mundo, o al menos viendo a este de diferente manera; no de una forma ficticia (algunas veces sí utópica) sino tratando de verlo como la mierda que es; siempre hablando desde política hasta la poca e imaginaria inclusión; siempre atormentando a todos con lo ridículos que son los discursos de paz y con la cagada actitud de muchos ante el progreso; cagada porque todos quieren el progreso, ella sólo observa cómo van hacia su mismísima miseria. Siempre dice “¿qué están dispuestos a sacrificar por ello?”, y le responden con hechos como la extinción de animales, la falta de agua en ciudades “importantes” (extremadamente capitalizadas) las guerras sin fin, los gobiernos corruptos y el montonal de muertes pendejas y otras no tanto en el mundo. Así le responden siempre, ella sólo mueve la cabeza.

Él, por otra parte, un erudito milenario, con quien te sentarías a platicar de todo y por todo sin correr el riesgo de una discusión ardiente  y enferma (así como con ella) y quien te transportaría ahora sí a mundo imaginario. Él es más afecto a las letras literarias que a las filosóficas, su léxico y mucha falta de groserías te hacen contemplarle casi a la fuerza porque es algo que no se ve siempre. Tímido, o al menos eso aparenta, poco sonriente y moviendo siempre su cabello y manos como actitud nerviosa. Habla de otros mundos creados por él mismo, reinventa al mundo y se le ocurre que Einstein cabe muy bien por sus lares. Tan estudioso, tan argumentativo, tan inteligente. Siempre siendo la promesa del mañana, a veces sí filosofando sin que él se dé cuenta, pero no llega nunca a la pelea tormentosa que le consumiría todo. Sus chistes los hace en inglés, tal vez porque se cree un pro en el idioma… o tal vez sólo le gustan demasiado. La forma en la que junta las palabras es en serio exquisita, no sólo es la promesa del mañana, hace que el hoy sea menos abrumador.

Ambos, sin cruzar palabra alguna en persona, se miran constantemente. No con deseo, pareciera más bien que es con impaciencia. No se conocen como tal y al menos ella está bastante segura que con  dos pláticas diminutas en Facebook no se logra saber casi nada de la otra persona, pero se sentía como si se conocieran.

Todos los días viéndose en la mañana y entre clases hasta la salida. Ella siempre jugueteando, diciendo estupideces, gritando groserías ya sin hablar de filosofía, parece ser un alma muy ridícula. Él con sus amigos, con risas amistosas y volteando la mirada hacia ella, a veces ríe por su estupidez, otras sólo la ve serio. Él conoce muy bien la voz de ella, pues siempre, siempre, siempre está hablando, siempre tiene algo que decir, siempre está pensando. Ella con las pocas veces que le ha escuchado queda maravillada por su firmeza y sus rebuscadas palabras pues pese a que piensa mucho, lo que dice prefiere plasmarlo en papel.

En calidad de pensantes ambos son algo muy distinto, pero piensan, y piensan mucho.

De vez en cuando ella desea que él sepa más sobre lo que hace, que no sólo es esa estúpida veinteañera, que sus ensayos han sido muy alabados por la calidad de pensamiento y su agudeza crítica, que sus calificaciones son excelentes y que promete, así como él, algo para lo que tanto critica, el mañana. Él, por otra parte, es todo misterio, y piensa tanto que parece no caber en el mundo, tal vez por eso hace los suyos.

Si por fin se atrevieran a cruzar palabra, tal vez se darían cuenta de que sus mentes están ansiosas por comerse, por saber qué tiene por decir el otro, por leerse mutuamente y por notar que ambos pueden hacer las cosas que el otro hace. Tal vez si fueran menos cobardes ya serían compinches en batallas letradas y descubrirían que sin decir mucho pueden saber del otro.

Se limitan a miradas, se limitan a verse de reojo, se limitan a quién sabe qué. Se persiguen mutua y constantemente, desean ser vistos por el otro pero no hacen nada al respecto. Siempre es la misma actitud, verse de reojo y cruzar miradas, bajas la vista y repetir la actuación.

Pensar mucho, es lo que hacen. Piensan tanto hasta perjudicar los sentimientos y a la misma inteligencia.

En calidad de pensantes ambos son algo muy distinto, pero parecen ser igual de estúpidos.


    Escritora.


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