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Algo que tiene que ver con escribir: parte dos.

enero 21, 2022

Algo que tiene que ver con escribir: parte dos.

Creencias cambiantes:

¡Por favor! ¡Ya basta de ver a la escritura como algo militar! ¿Y qué si se te olvidan tus propios conceptos? ¿es que no has cambiado como para que ellos cambien también? ¿a poco no te has olvidado de las cosas que creías serían eternas en ti? Tal vez también es bueno olvidar cómo escribir, chance es mejor comenzar a aprender, otra vez, a descubrirte por medio de tus propias letras. Hay tanto de ti que no has dicho, que es necesario ilustrarte una vez más (y las veces que sean necesarias) sobre cómo escribir ahora y en todos los ahora que se te presenten.

Es una mentira muy grande y cruel decir todo el tiempo que no tengo nada qué escribir, que ya he dicho tanto como para decir otras cosas, ¡basta! Hay tanto queriendo salir de mi pecho, hay tantas cosas que desean ser liberadas. Ya no quiero estar quieta, muda y cansada, y tal vez debería empezar escribiendo eso:

Ya no quiero estar quieta, muda ni cansada porque tengo que escribir. No en el sentido de obligación, más bien en un sentido de necesidad, mi necesidad. No es un “quiero escribir”, porque no hay tanta verdad ahí, es un muy agresivo “tengo que escribir”. El “tengo” se ha hecho trascendente (a según yo en el sentido Kantiano) en ese sentido mi tener que escribir es necesario para que yo pueda seguir existiendo.

Existencia de la escritura: vivencias, violencias, implicaciones.

Me parece algo espantoso tener que decir “sí, escribir es un acto violento”. En este momento no puedo asegurar si siempre lo es, pienso que existen pausas en esa violencia y que chance hay veces en las que las personas viven la euforia de una revuelta y acaban, al menos por un instante, con esa violencia del escribir.

Me causa cierto escalofrío pues es tener que aceptar que yo he ejercido esa violencia y que además lo he hecho a diestra y siniestra.

Cuando nos dedicamos a la corrección de estilo decimos con toda amabilidad “esto no está bien escrito”, y no hablamos de faltas de ortografía precisamente. Hablamos sobre la forma en la que está distribuido el párrafo, las palabras utilizadas, las pausas, los conceptos, las definiciones… decimos “podrías utilizar esta palabra, para que se lea mejor” o “voy a restructurar esta parte, tiene muchas muletillas”. Como correctores nos encanta saber que el estilo de quien está escribiendo no es perfecto. Nos encanta sacar la personalidad de esa persona y transformarla en una más decente.

¿Quiénes nos creemos? Leemos tanto sobre la «buena» estructura de un maldito párrafo, hacemos un trabajo exageradamente minucioso y, cuando nos damos cuenta, hemos medio asesinado a la persona que escribe porque la institución nos dijo que lo que escribió estaba mal escrito y lo mal escrito no puede leerse, peor aún, no debe leerse.

Como escritora, que quiten mis muletillas es mutilarme. Que corrijan los párrafos para hacerlos más coherentes es atentar contra mi personalidad. No puedo evitar sentirme fracasada por no escribir bien desde un principio y entiendo por qué no soy digna de ser leída.

Entonces no puedo evitar pensar que, según una de las definiciones de Walter Benjamin sobre la violencia, escribir es un acto sumamente violento. Lo compruebo con cada palabra puesta aquí, por la forma en la que sé desde un principio cómo distribuirlas, en dónde poner la pinche coma y cuándo debo iniciar un nuevo párrafo. Me frustra cuando leo lo escrito porque me es imposible no corregirlo un montón de veces hasta que me deje medio satisfecha.

Aquí estoy, ejerciendo la ley, escribiendo sobre sabe qué mierda y sin poderme salir del ámbito del derecho y todavía atreviéndome a decir “fuera los pinches policías” sin poder dejar de ser uno…

No puedo escribir con faltas de ortografía, tampoco sin comas o puntos, creo que en parte me niego. Otras personas lo harán por mí, harán la revuelta, se burlarán de la buena escritura y me sentiré feliz, pero yo no puedo, y sé que no puedo porque esto lo estoy escribiendo lo mejor posible según las normas ya establecidas… lamento ser tan cobarde.  


    Escritora.



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