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PRIMER ACTO: el acto de escribir

junio 15, 2019

PRIMER ACTO: el acto de escribir

El acto de escribir

Llevo un par de años escribiendo cosas sobre los escritores y el propio acto de escribir. Escribí un ensayo titulado “¿La escritura puede ser violenta?” donde gracias a uno de mis autores y filósofos favoritos, Walter Benjamin, puedo concluir que sí, que la escritura puede ser algo muy violento y por supuesto, ningún escritor se salva de esto.

En este par de años sucedió algo que sí esperaba pero no contaba que fuese tan rápido: perdí casi toda la fe en mí y en mis letras, especialmente en las que necesitaban de mi imaginación y no de mi investigación. Mi carrera me obligó a escribir cosas mucho más serias (si los doctores viesen lo que escribo para esta página tal vez se burlarían de mí), hacer investigaciones profundas y plantear problemas donde nadie ve problemas, es decir, me obligó a hacer ensayo tras ensayo. No quiero que se malinterprete, adoro y existe un verdadero amor y pasión entre esta clase de escritos y yo, pero conforme la carrera avanza extraño con mucho más fervor escribir la otra clase de cosas que escribía antes de entrar a Filosofía.

Ahora sí, retomo: llevo un par de años escribiendo cosas sobre los escritores y el propio acto de escribir, me gusta mucho, tal vez lo lleve a una verdadera investigación en un futuro (ya que aquí sólo serán suposiciones y vivencias propias. Esto es algo que los filósofos no hacemos pues nos es necesario recurrir a otro montón de mentes para avalar lo que estamos diciendo. En este lugar me encuentro en completa libertad de decir lo que quiera sin que me pidan justificación). He escrito sobre la escritura en servilletas, hojas sueltas, libretas que no utilizo y en las notas de mi celular. Y es que, aunque he perdido la fe en mí y mis letras (las “filosóficas” quiero dejarlas de lado por un momento), no puedo evitar ser esto que he sido por casi toda mi vida: escritora.

Puede ser curioso, divertido, fastidioso o hasta horrible esto del acto de escribir, pero, aunque a veces lo desee, no me puedo concebir en esta vida sin hacerlo.

Escribir se convirtió para mí en algo igual de crónico que hablar y caminar. La comparativa la hago con estas dos cosas pues fueron actos que tuve que aprender a hacer a diferencia de respirar, por ejemplo.

Necesito escribir así como necesito caminar. Pienso con letras (no siempre pero sí en muchas ocasiones), no hablo de que piense en “lengua” pues absolutamente nadie escapa de la palabra, si no que literalmente me refiero a las letras en sí, por separado, juntándose en mi mente para escribir alguna palabra. Por ejemplo, a veces me imagino a mi mano derecha empuñando algún bolígrafo por alguna hoja de papel cuadriculada escribiendo letra por letra de cualquier pensamiento que llegue a mi cabeza. En ocasiones, ideas o pensamientos me llegan de golpe, entonces es necesario parar lo que sea que esté haciendo para escribirlo; cuando sé que tardaré en encontrar algo donde plasmar lo que acaba de arribar en mi mente, es cuando me imagino a mí misma escribiendo y es así como es que pienso con letras.

Creo que en días recientes tuve una pelea con mi escritura. No nos hemos conectado como me gustaría hacerlo; han pasado días y esto que vengo haciendo casi por inercia los últimos 17 años comenzó a sentirse como algo totalmente ajeno al punto de preguntarme ¿cómo escribo esto? Nos hemos distanciado abismalmente y no sé cómo decirle lo mucho que la extraño y necesito.

Comencé a hacerme cargo de este asunto. Tomé un bolígrafo negro de punta extra fina, una libreta lindísima y obligué a mi mano derecha experta y torpe, a reproducir con esa letra tan peculiar, semi cursiva y fea cada palabra que se le iba ocurriendo en mi mente. Mi mano paraba como con vida propia sin poder escribir algo más por el dolor en la muñeca y el dedo anular punzando pensando en “esto no tiene ningún sentido”, con todo y ese dolor seguí obligando a mi mano derecha a escribir letra por letra toda esa porquería reproducida en mi mente ¿mi escritura y yo nos estamos reconciliando?

A veces, cuando el sentimiento me gana (aunque sólo escriba estupideces) es porque realmente estoy conectando con este acto tan sublime ¿sentiste eso, escritura? Te acabo de considerar sublime… lo eres. A veces este acto de la chingada se siente como si estuviese parada ante el vacío absoluto y mi corazón late con una fuerza descontrolada que me obliga a parar, no puedo escribir más pues debo procesar ese sentimiento que deja un enorme agujero en el estómago, sudor frío en las manos, pies y nuca, y un grito que no podrá concluirse atorado en la garganta. Pero en otras ocasiones, pese a todos estos sentimientos juntos, pese a la desesperación, amor e intensidad sin procesar, mi mano escritora actúa de manera que pareciera no escuchar a mi mente pues se mueve tan rápido que encontrar conexión entre cerebro y cuerpo es casi imposible. Y en otras ocasiones, lo sublime me permite la lentitud en mi escritura, especialmente cuando lo sublime le abre paso a la tristeza y tengo que parar cada tanto para limpiar lágrimas ocasionales o para llorar fuertemente antes de escribir alguna otra palabra.

El acto de escribir es sublime. Me hace sentir tanto, me asusta, me achica, me golpea, me arrastra, me hace feliz, me hace sentir intensidad, me hace sentir violenta, me hace sentir amada, me  demuestra que estoy viva ante el mundo y el mundo se hace pequeñísimo y enorme al mismo tiempo, es cuando menos inútil me siento, me empodero de este algo propio que salió de mí. Soy yo y algo maravilloso, algo aparte y al mismo tiempo dentro de mí. ¿Qué quiero demostrar con esto? ¿Qué es este “poder” que me levanta y me patea? ¿Por qué siento cómo me recorre la piel, los intestinos y el alma? ¿Es acaso lo que dicen que es, un atributo o don? ¿O es tal vez algo no tan/nada bueno de mí?

Estoy muy molesta con los escritores y el acto de escribir, no puedo encontrar respuestas y  el sentimiento de lo sublime no ayuda mucho en mi búsqueda.

Escribí sobre la escritura como algo que puede ser violento, me parece que, en el uso de la palabra, y a veces más que un montón de prácticas, la escritura, escondida en su rostro dulce y cubierta de un velo inocente es de las cosas más violentas utilizadas por el ser humano. En su sublimidad, donde esconde tantísimo de ella, es, para mí, el momento exacto donde más violenta se muestra. Entiendo aquí a la violencia en su estado de derecho donde se impone un “uno” (singular) a “unos” (plural) pues ese uno es “concebido” como ley por lo que los plurales se ven sometidos ante el singular sin necesidad de estar de acuerdo o no (de nuevo, al no ser un ensayo no lo explico como suelo hacerlo ni ahondo en esto. Tal “definición” la retomo de Walter Benjamin). Cuando la escritura se abre a sí misma como sublime, muestra una inmensidad abrazadora y desgarradora, se impone ante los diferentes plurales de las diferentes regiones: nadie escapa de la palabra, no se conoce persona en la tierra que no piense en palabras por lo que la sublimidad de la escritura se convierte en algo aún más aterrador.

Pero todavía pienso que la escritura es algo mucho menos necesario que el habla. Mucha gente puede prescindir de la primera pero jamás de la segunda, sin embargo, no pienso en el habla como algo tan sublime (aunque puede haber ocasiones en las que esto se niegue por completo y aparezca como pura sublimidad), la escritura, en cambio sí lo es.

He extrañado esta violencia tan bebible y bella, la he extrañado tanto que me siento desamparada por mi acción favorita y amada. Ya no quiero extrañarla, la necesito conmigo, necesito que mi cerebro vuelva a imaginar cosas y que en conjunto piense y critique otras tantas. Necesito el sentimiento de lo sublime hasta el día de mi muerte ¿cómo más compruebo que existo?

Sí, he escrito tantas cosas sobre los escritores y el mismo acto de escribir pera aún me falta ahondar en los primeros y ya no puedo seguir hablando de lo segundo, ya saben, por la pérdida de fe en mí y mis letras.

Nota: No hay correspondecia entre "PRIMER ACTO" y "Acto primero", sólo fue una coincidencia pues decidí dividir este escrito en tres partes que serán tres "actos".

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