Desahogo y reseñas

Reflexiones Textos

Querida Z:

septiembre 29, 2021

Querida Z:

29/09/2021

Hace tres años escribí sobre lo que había escrito tres años anteriores, sin querer, la curiosidad de releerme en una libreta de notas específica me trajo a lo que hoy ya no hago con tanta casualidad.

Leer a una “yo” del 2015 y no reconocerme es algo que me resulta no tan extraño, pero leer a otra “yo” del 2018 y no entenderla en absoluto sí es algo que me cuesta comprender. ¿Cómo no puedo saber quién era esa si en sí mi vida no ha cambiado tanto?

Es verdad, aún conservo algunas mismas dudas, especialmente las que tienen que ver con escribir, pero incluso en la forma de plantearme las preguntas sobre aquello he cambiado radicalmente.

Hoy me escribo a mí para otro día donde deje de ser yo, tal vez como una forma de apapacho, para reírme un poco de mis ingenuidades, para llorar otra vez con la misma herida cicatrizada, y para sentir que ya no estoy más aquí porque ya me encuentro en otro lado…

***

Querida Z:

Te conoces casi a la perfección, tanto que todo tu cuerpo reacciona antes de tiempo y te avisa que una tormenta se avecina. Comienzas a dar pasos hacia atrás para que el agua no te alcance del todo, es difícil tomarte desprevenida. Has anticipado muchísimos dolores, sentiste en las puntas de tus dedos que ya venían e hiciste todo lo posible para amortiguar los impactos. Últimamente has cambiado eso, has aceptado que el dolor es inevitable y que no pasa nada si llega por sorpresa pues es natural asombrarse, incluso si te asombras ante algo que bueno, duele.

Aquella herida de la que jamás creíste recuperarte hoy está cerrada. Te ha quedado una cicatriz visible, de esas que la gente mira extrañada, cada que la vez lo haces con orgullo, aunque el recuerdo de lo que te hizo daño duele, ya no duele con amargura (salvo contadas ocasiones), duele con amor, amor por ti. Créeme, las cosas mejoran, era verdad eso de que ningún pesar es igual de pesado siempre.

Sé que recordarás el año cercano a este y que en otros tres años continuarás llorando por las pérdidas de los que sigues amando. Sobre eso no tengo mucho qué decir, pues hoy extraño a aquellos que se fueron como los extrañé desde el primer día de su partida. Tu corazón cree que no puede soportar otra pérdida similar, pero en este momento de calma puedo decirte que sí es posible y que desde la ausencia también se aprende a amar. Sólo recuerda eso: desde la ausencia también se aprende a amar, tranquila.

También estoy segura de algo, aquella chica de 17 años que un día fuiste, estaría impactada con la capacidad de amar que tienes hoy, y sé que se esa chica caería de rodillas si supiera que aquello que sintió por cuatro años no era ni cercano a lo que sientes hoy.

No sé qué pensarás en otros tres años, no sé si te causará risa la forma en la que ahora escribes, hablas y amas. Por la experiencia del pasado, chance sí haya cabida para la ternura de tu ayer.

Mientras llegamos a otro día donde esta Z no esté aquí, sino allá, te mando el recuerdo de que te amo y te admiro.

Atentamente, Z.


    Escritora.



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