Recta final
¿Te acuerdas cuando pensé decirte adiós por última vez? Pensé que no volverías a causarme problemas y que las cicatrices en ningún momento volverían a escocer. Supuse mal.
Ahora que el dolor regresa de una forma bizarra, soy consciente del impacto y la huella que pueden dejar los celos enfermos en un corazón. Sigo sin culparte, porque siempre he preferido aceptar mi responsabilidad en la permisión de todo lo que pasó.
Estoy con él e inconscientemente cuido detalles que no debería cuidar, detalles que cuidaba contigo, que, dentro de una paranoia, hice costumbre.
Y es que ya no estás, pero lo que me hacías sentir, sigue sin desvanecerse por completo. Los flashbacks se sienten tan reales que caigo en la falacia de pensar que no estoy lista para volver a dar todo de mí cuando en realidad, su cariño y la libertad que siento a su lado son lo que me ha levantado ánimo y anhelos.


