Desahogo y reseñas

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Nevermind

julio 10, 2025

Nevermind

A veces pienso que en realidad nunca me quisiste como yo soy. Con mi forma de vestir y mi forma de caminar y de bailar. Pero me dijiste que sí para que yo me encariñara contigo.

A veces pienso que en el fondo siempre te quise así como tú eras, pero por pura presión social me daba miedo admitirlo.

Yo he estado dispuesta a cambiar tantas cosas para ti, que ahora pienso en que cambiar mi identidad por darte el gusto de que te sientas querido como te quieres sentir querido es solo como el siguiente paso que era obvio que seguía.

Cambiar mi identidad y dejar de comprar la ropa que me hace sentir bien para entrenar, poderosa para caminar en la calle, que me hace sentir bonita, porque quiero que te sientas respetado en la relación. Porque no quiero tener la tentación de regresar a la otra Ale (de la que tú te eneamoraste) un día que tú estés de viaje, y que no me aguante las ganas de ponerme un vestido que me guste, que me haga sentir segura de mí misma, aunque sea solo para vérmelo en el espejo. Mejor no tener la tentación en el armario. Yo quiero estar contigo, y decidí no aferrarme a mi estilo personal porque después de todo, todos tenemos derecho a cambiar de personalidad con el paso de los años.

Estar dispuesta a renunciar a la boda con la que soñé desde chiquita. Porque no me parece justo que tengas que hacer ritos en los que no crees solo para que yo me sienta querida y aceptada socialmente por algunas de las personas que más amo en este planeta. Yo quiero que tú y yo seamos felices, y puedo renunciar a un sueño que por años atesoré porque me importa que tú no tengas que pasar por cosas engorrosas, por cosas por las que no quieres pasar porque tú no crees que esos ritos sean importantes para sellar la unión de una pareja. Yo quiero estar contigo, y decidí no aferrarme a una manera de unir mi alma con la tuya.

Me da tanta resistencia todo lo que tenga que ver con trámites con el gobierno o sus instancias. Que solo de pensar en iniciar un proceso para una boda civil me da vértigo. Pero estoy dispuesta a salir de mi zona de confort para que ese signo de compromiso que es tan importante para ti, lo puedas tener. Lo último que quisiera sería verte renunciar a algo que te va a hacer sentir tranquilo, respetado y querido a lo largo de la vida juntos, como lo que yo sentía hacia la misa del rito del sacramento de matrimonio. Así que elegí que quería darte ese gusto.

A mí me daba tanto miedo esa opción de vivir con alguien antes de formalizar la unión de la pareja y la creación de una familia, porque el elegir a alguien como compañero de vida es algo que los une de una manera mental, neuroquímica, afectiva y espiritual. Y dar el espacio a solo romper esa unión después, me parecía algo extremadamente doloroso, más que el dolor de agujas en los ganglios. Y me da miedo el dolor así que siempre estoy tratando de evitarlo. Pero me di cuenta de que para ti era una libertad que te parecía importante contemplar para sentirte maduramente querido y respetado, así que le empecé a ver desde la curiosidad y no desde el miedo, el juicio y la herida. Y la acepté en mi corazón como una posibilidad.

A mí me detonaba bastante fuerte la idea de que en el matrimonio, el varón sea quien tiene la oportunidad de ser cabeza. Conforme pasó el tiempo, platiqué más cosas contigo, con mi papá, escuché audiolibros, podcasts, enriquecí mi perspectiva al irme a vivir sola, tuve conversaciones íntimas con mi mamá, hice meditaciones, recé rosarios. Y lo empecé a ver más como una responsabilidad que como una oportunidad. Comenzó a existir ternura de alguna manera en el ejercicio de esa fuerza, de esa inteligencia, de esa responsabilidad, de esa fortaleza. Decidí que yo había visto en ti esa ternura que solo los varones pueden entender, y que por lo mismo a mí me sigue pareciendo tan compleja e incomprehensible, porque no puedo ver ese tema con tus ojos. Decidí que me parecías el hombre más inteligente del mundo y que si a alguien quería como mi capitán, era a ti.

Lo recuerdo en nuestras videollamadas o caminatas con pláticas profundas o triviales. Y te veo el brillo en los ojos cuando me miras después de que te dejo resolver o te permito destacar como protector. Y me gusta hacer que te brillen los ojos así, podría hacerlo diario. Todos los martes y cuando cierran los bancos.


    Amo casi cualquier forma de arte. No puedo vivir sin bailar ni respirar una semana seguida sin escribir. Las letras son mi refugio, y el baile mi manera de exhalar. Tengo 21 años y estudio Mercadotecnia y Medios digitales en México. Todo lo que ven aquí son pedacitos de mí que quise meter en este baúl, son libres de acabárselos a críticas. Al final del día, los lectores hacen al escritor.


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