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Para mí

abril 24, 2022

Para mí

Ahora que tuve un espacio para estar sola, un poco a la de a fuerza…

Me di cuenta de que había muchas cosas que estaba esperando que mi pareja fuera para mí. Celebré salir sola a ver a un comediante que amo, sin pena de ir sola. Celebré contarles a mis amigas primero cuando algo fancy me pasaba. Celebré irme a dormir a la cama sin imaginar que alguien me acompañara con su calor corporal. Celebré festejarme yo solita mis logros y mis victorias.

Me ha dolido que al final algo del asunto tiene que ver con el dinero que le dan en ese trabajo. Y me sentí invencible en el momento en el que me contrataron con un sueldo casi como el suyo, sin pagar impuestos. Porque en un par de meses voy a estar recibiendo lo mismo que él e incluso más cuando tengamos mucho trabajo en la plataforma que tengo. Así que jaque mate, porque estoy demostrando que se puede todo, y todavía prestarle atención como se debe a una pareja.

¿Será que es algo de lo que somos capaces las mujeres? Lo pensé por unos días, hasta que recordé al niño que en medio de prácticas, clases y servicio me preguntaba cuando estaba más libre para verlo (porque desde ese entonces ya me la vivía haciendo mil cosas). Y esta persona nunca me dijo tantas veces te quiero como este susodicho, pero me lo demostró muchas más veces donándome su tiempo con mucho cariño. Así que no, la evidencia nos dice que la inteligencia emocional no es sólo cosa de mujeres.

Claro que dolió, porque yo realmente pensaba que esta persona me quería. Y después de todos esos días sin que me respondiera ese dichoso mensaje, me di cuenta de que en realidad no le interesaba arreglar nada. La única parte buena de todo ese dolor era que yo sabía perfectamente que quien perdía era él. Porque, punto y aparte de la belleza que envuelve mi cuerpo y mis rasgos -y punto y aparte del magnetismo que segregan mis ojos-, soy una mujer increíblemente inteligente, con un talento impresionante para muchas cosas. Por si fuera poco, tengo esta luz que todos los que han estado conmigo me chulean: la que me hace empujar a quien quiero a que consiga lo que quiera, hacerle saber que los sueños sí se cumplen y que sólo es necesario dar el primer paso, que yo voy a estar detrás por si necesitan preguntar cómo llegar más rápido o para cuando necesiten una palabra de apoyo.

Darme cuenta de que yo no perdía, fue lo que me salvo de sentirme mal todos esos días.

Y qué difícil fue ver que no le interesas a quien te ha dicho te quiero. Qué difícil ver todo lo que le diste, todo lo que le confiaste, cuánta alma le mostraste desnuda. ¿Será que todos somos desechables?

No, sé que ese cuento de «nadie va a quererte la mitad de lo que yo», hoy es falso. Claro que va a haber alguien que priorice solucionar nuestros baches (sobre todo cuando sea él quien esté causando ese problema) antes que ignorarlos, claro que va a haber alguien que demuestre que me quiere y no que sólo lo diga, claro que va a haber alguien que se rife más que un «te mereces algo mejor» y se convierta en eso que sabe que me merezco, poco a poquito, sin sentirse presionado, pero haciéndome saber que está trabajando en ello.

Sé que claro que alguien va a quererme incluso más, y sé que yo podré volver a abrir el corazón. Porque el amor no es finito, aunque uno quisiese que sí. La capacidad de amar que tenemos como hijos creados a semejanza de Dios, es infinita.

Sé que nada es tan grande como para que rebase a Dios, y sé que Él lo puede todo. Incluso sanar toda esta historia.


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