Desahogo y reseñas

Uncategorized

Hice mal la comida

diciembre 3, 2021

Hice mal la comida

Hoy no había sido un mal día, la verdad es que me la había estado pasando tranquila hasta que mi mamá me dijo que otra vez se estaba sintiendo mal.

Me preocupé mucho y debo decir que hasta me sentí culpable. En eso se paró y me dijo: Las chuletas no se descongelan, ya llevan un rato, no creo que estén bien para la comida. Mi mamá se quedó pensando y sin verme comenzó a decir: Puedo hacer tortas de ejotes. Y mientras terminaba la oración soltó un resoplido de cansancio, uno que estos dos últimos meses ha tenido bien marcado.

Mi culpa creció demasiado y como lo había estado haciendo los últimos 60 días le dije: no te preocupes, chingá, yo hago la comida.

Para mi muy mala suerte las tortas de ejote era algo que jamás había hecho y era justo una de las pocas cosas en las que no le ayudé nunca a mi mamá. Me había estado galardonando por mis excelentes dotes culinarios, pero en el momento en el que el huevo a punto de turrón se incluye en un guiso mis dotes culinarios se van a la nada.

Me armé de valor y… y el valor no ayuda en mucho: hice mal la comida.

He llorado como hace unas semanas no lo hacía, el ver el tiradero de la cocina y saber que eso que estaba en la estufa no estaba ni remotamente bueno fue suficiente para recordarme todos los fracasos de mi vida. Uno por uno pasó a saludarme y yo sólo me hice chiquita. Ahora la comida debe estar salda y aguada por tantas lágrimas.

¿Cómo es que no puedo conseguir trabajo? ¿Por qué no me toman en serio? ¿Soy yo el problema? ¿Es mi carrera?  

Me ha dado mucha pena platicarle a las personas que me quieren que otra vez no lo conseguí, que otra vez vacilaron al contratarme, que no fui suficiente para el puesto. Había estado tan emocionada, creí que por fin alguien había visto en mi lo que mis papás dicen ver, pero no. Sabía que no debía decirle a nadie porque ahora no puedo llegar con la cara escurrida a decirles “siempre no”, porque siempre pasa eso.

La vergüenza me consume y ahora finjo tener trabajo para no decepcionar a nadie. “¿Y cómo te va con eso?” me dicen, yo desvío el tema, o me pongo a hacer la comida. Cuando me sale buena (como me suele pasar) se me olvida un rato que no sirvo para nada, pero hoy salió mal, muy mal y entonces tengo que agregar algo más a mi lista de “las cosas que no le salen a Z”. Ahora está en letras muy grandes “Tortas de ejotes”, justo debajo de “Redactora”.

Mientras volteaba una torta quemada pensé mucho en los novios de secundaria, y ahí vamos otra vez con la chilladera. No es que los novios de secundaria me importen, es más, ni los quise, pero me dio mucho dolor recordar que los tenía para sentirme alguien. No es posible que utilizara a otros seres humanos para sentir que valía algo. Chillé mucho por una Z de 14 años queriendo destacar, porque desde ese momento esa niña ya sabía que escribir no era suficiente y ya sentía que lo hacía muy mal; también chillé por haber utilizado a otras personas, qué mal ser humano puedo ser. Y bueno, es obvio que esas relaciones no funcionaron en ningún sentido.

Total, ha habido muchos fracasos y sí me pesa incluir a las tortas de ejote en ellos. Qué pena, de verdad me hubiese gustado que salieran tan ricas como las de mi mamá.

Tal vez mañana pueda cocinar algo que salga bueno y eso me de ánimos de enviar por milésima vez mi CV y chance hasta una disculpa a los novios de secundaria, pero ahorita necesito llorar por lo mal que sabe mi comida, por tener que darle de comer estas cosas a mi familia y por tener una lista larguísima de “las cosas que no le salen a Z”.


    Escritora.


    previous post

    Querida Z:

    next post

    Llévame contigo


    Leave a comment

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

    cinco + diecisiete =

    Follow by Email
    Facebook
    Twitter