Desahogo y reseñas

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Pienso en ti

febrero 14, 2026

Pienso en ti

En las últimas tres semanas todo lo que he hecho es pensar en ti.
Es evidente que te extraño, eso lo sabes. Te empecé a extrañar antes de que te fueras, desde enero del 2025.
Recuerdo que durante todo ese mes me levanté con un presagio, sabiendo que pronto tendríamos que enfrentarnos al dolor de tu partida. Algo en mí me lo decía, pero fui tan cobarde que ni si quiera pude decirlo en voz alta. Me guardé ese susurro solo para mí, tal vez hasta fui egoísta. Quería que fuera mi dolor, quería que fuera mi preocupación, no quería compartirlo, decirle a los demás que algo estaba por venir. Desde enero del 2025 te vi diferente: ya no eran tus ojos, ya no era tu voz, ya no era tu rostro.
El 14 de febrero del 2025 me levanté pensando en que no había forma de perderme ese día, porque ese susurro comenzaba a ser una voz más fuerte que me decía que te disfrutara cuanto pudiera.
¿Te acuerdas de ese último cumpleaños? Yo solo podía pensar que eras de lo más bonito que había visto, lo afortunada que era. El regalo que te compré lo hice, en parte, con doble intención. Quería verte con ese vestido, pero quería darte opciones para los días que seguían. Te dije, fui egoísta, pero debe decirte que me alegro de que no te lo llevaras también porque al final, ya te estabas llevando mucho de mí.
¿Qué debería hacer en la víspera de tu cumpleaños si no es escribir sobre ti? Creo que no tiene sentido hacer cualquier otra cosa.
¿Qué debería hacer hoy si no es llorar tu ausencia? Definitivamente no es que pueda hacer algo más que pensar en tus ojos con lágrimas y en tu llanto chistoso cuando te despertábamos con las mañanitas.
Te hice esta pregunta días después de tu partida y sigo sin obtener respuesta: ¿dime qué hago con un mundo donde no estás? Me siento confundida porque no sé qué hacer un 14 de febrero si no es celebrar tu vida, ¿cómo celebro lo que ya no existe?
Así que déjame regresar tantito: no estás, así que no puedo celebrarte, pero sí puedo escribir sobre ti, mi abue Raquel, la que todas las personas de mi vida conocían. Perdóname por no comenzar con lo que sigue, necesitaba quejarme, (ya me conoces) y reprocharte tu falta, pero ya voy. Te mereces otras palabras.

100 años pienso en ti:
Cuando pienso en mi abuelita Raquel, pienso en mi infancia, en mis primos, en mi mamá, en mi abuelo. Pienso en cómo corríamos desde la casa de mi tío hasta la puerta de la casa de mi abue, en el patio con pavimento, múltiples lugares para escondernos, rodillas enlodadas, el zapote, las flores que usábamos para hacer sopita y en el juego de té chiquito y azul que mi prima y yo solo admirábamos.
Cuando pienso en mi abuelita Raquel, pienso en sus regaños y gritos “¡NO GRITEN!” “¡NO CORRAN!” «¡YA CÁLLENSE!». Pienso en diferentes fracturas y caídas, así como en una necedad suya de hacer las cosas a su manera y solo a su manera.
También pienso en la leche, en pan, en pastel, en café, ¡en tamales (especialmente de rajas) y arroz con leche o champurrado! Pienso en esa cirugía, su nula disposición y falta de cooperación en su propio cuidado.
Pienso en los boleros, en cómo bailaba danzón con mi abuelito, también en el guapo (sus palabras) Pedro Infante y en ese libro que me hacía leerle (y que ahora yo tengo) “El declamador sin maestro”.
Cuando pienso en mi abue, pienso en el color rosa, ESE ROSA que supo hacer tan suyo, con el que sus labios estaban pintados. Viene a mi cabeza el famosísimo vestido de bolitas (del que solo queda el cinto) y en su silla de ruedas.
Pienso en su forma de cantar, en sus rezos de todos los días, sus rosarios colgados en la pared, el Padre Cornejo, en el sonido del teléfono, su agenda azul, el árbol de velo de novia y las orquídeas.
Pienso en las noches difíciles, los baños que llegué a darle, su risa cuando le decía “es que estás muy hermosa, ¿sí sabías?”. Pienso en sus suspiros de los últimos años, las veces que me confundió de persona, cuando me veía y no reconocía en mí a una nieta. Pienso en la pérdida del color de sus ojos, en su piel manchada, en la lentitud para hablar. Pienso en cómo consoló mi corazón roto, en sus abrazos, en su olor, en sus besos y en esa lágrima que siempre se le escapaba los meses antes de que se fuera.
Nació un 14 de febrero (aunque su acta diga que fue el 13), tenía un carácter fuerte, a veces llegaba a ser hiriente, era decidida, poco empalagosa, pero con un profundo amor por su familia.
Qué fortuna haberte celebrado tantos años antes de tu partida. Qué fortuna que tú fueras mi abue y la familia que me diste.
Feliz cumpleaños abuelita, pienso en ti. Siempre pienso en ti.


    Escritora.


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