Desahogo y reseñas

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Voz

marzo 13, 2021

Voz

Creo que he perdido la voz, o tal vez sólo perdí las ganas de escucharme. Yo siempre supe de mis fragilidades y de las sensibilidades que podían azotarme, pero jamás creí que pesarían tanto estos pisotones.

Mi cara está inundada de incertidumbres, miedos y lágrimas, ya no sabe cómo ponerse firme, me parece que estoy gritando o al menos intentando hacerlo, necesito encontrar mi voz.

Mi corazón se sacude con enojo, me está pidiendo explicaciones, se retuerce, me ruega que le de un calmante. Cada que empiezo a cerrar los ojos este late con fuerza, tanta que me para de la cama, del sofá y de la silla y me pone a hacer cosas para evadir la realidad. Mi corazón se está quejando y en venganza ha decidido nunca parar.

Los dedos de mis manos parecen moverse por sí solos, obedeciendo a quién sabe qué pues tengo apagado el cerebro. Se mueven por mi rostro, se mueven por mi ombligo, se mueven por unas fotos… no sé cómo llegaron a las fotos, ojalá no las hubiera visto, mi corazón vuelve a latir con fuerza.

Me estoy cayendo, no sé de dónde sólo sé que estoy cayendo y no puedo gritar porque no tengo voz porque no quiero escucharme, además estoy ciega, también por voluntad propia. Cómo duelen estos pistones, cómo asusta la caída.

Perdí la voz porque mis fragilidades se hicieron más grandes que mis miedos.

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Un texto pequeño, de los típicos textitos que ni de broma se entienden, pero como siempre, un desahogo necesario. Ya la recuperaré… espero.


    Escritora.


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