Desahogo y reseñas

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Sí, te dejé entrar

marzo 29, 2020

Sí, te dejé entrar

Sí, sí, sí, te estoy dejando entrar, mi estómago se retuerce y cada tantos segundos parece saltar de los nervios; mi boca se seca, mis manos tiemblan, la frente me suda: te dejé entrar.

Estás aquí, junto a mí todo el tiempo, cada segundo, cada minuto, sin descanso. Me desespero y vuelvo a sentir las punzadas en mi estómago, ¿por qué te dejé la puerta abierta? No me lo explico. Estoy un poco exhausta de tanto tenerte, pero no puedo dejar de hacerlo, claro que sí, en definitiva, te dejé entrar.

Siento cómo las lágrimas de quién sabe qué sentimiento suben hasta detrás de mi garganta. Sé que partieron de los pies y recorrieron el cuerpo, fue lo que me hizo temblar en una especie de convulsión; sé que pasaron por mis piernas, sentí el cosquilleo; sé que llegaron a mis caderas, sentí un pellizco; sé que bailaron en mi estómago, sentí como se revolvía; y sé que están detrás de mi garganta, hace que me duela, están esperando la señal para estallar y subir a mis ojos… pero no llegan. En efecto, te dejé entrar y ahora sólo me duele la garganta de las lágrimas que están ahí sin poder llegar a los ojos porque la señal que las hará salir no llega debido a que te dejé entrar: sí, sí, es por ti. Te culpo, mis lágrimas no se sienten igual, ahora están retenidas y causando dolor, todo por sí, dejarte entrar.

Me encuentro mareada… perdón, perdón, estoy mareada y por estar mareada no puedo encontrarme. Me miro en el espejo con la esperanza de reconocerme, pero no lo hago, desde que te abrí la puerta me has hecho girar incontables veces, ahora no puedo estar quieta y mi reflejo es inalcanzable, apenas veo su sombra porque enseguida desaparece de los movimientos tan bruscos que me haces ejecutar, ¿dónde estoy? Por favor déjame verme.

Creo que he encontrado un lugar donde podemos estar ambos. Aquí, donde también te dejo entrar, donde estamos juntos sin asfixiarnos, puedo permitirme llorar sin dolor (aunque a veces es inevitable) y bailar sobre mi mareo hasta poder verme en el reflejo. Las cosquillas continúan, pero están bien, se sienten bien; ojalá sea eterno, y si no, espero volver a encontrarlo cada tanto (contigo, por supuesto). Aquí me alcanzo y te abrazo feliz: estamos juntos porque sí, te dejé entrar.


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