Desahogo y reseñas

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Para América:

agosto 19, 2018

Para América:

18/08/18

(Una fecha bastante curiosa)

Para América:

Sabes cómo es de explícito mi lenguaje al hablar, que para mí nunca está de más una grosería. Sabes que en los mensajes escribo muy casual y con todas las expresiones posibles. Pero esto no es un mensaje, tampoco es que estemos de frente, así que no esperes cosas divertidas, groserías y algo muy casual.

He querido hacer esta carta desde hace ya un tiempo. Me encanta hacerlas, en especial a las personas más queridas para mí (mis papás y mejores amigos, un círculo bastante pequeño). Creo que ya era hora de que hiciera esto.

Fue en el año 2013 cuando nos conocimos. Gracias a las letras de nuestros apellidos nos sentamos en una misma mesa en una de las clases que no recuerdo su nombre. Fue cuando nos presentamos entre nosotras y entonces nos advirtieron que los trabajos de esa clase casi siempre los haríamos juntas, todo por la proximidad de las letras de nuestros apellidos.

No sabía que te convertirías en una de las personas más importantes en mi vida, no sabía que te llegaría a necesitar y querer tanto, mucho menos sabía que te nombraría como una de mis mejores amigas, pero henos aquí, cinco años después más cercanas cada día.

Nos acercó, en primera, nuestro amor por los libros; y luego quién sabe.

Cuando me di cuenta podía hablar contigo de casi cualquier cosa, podíamos debatir sobre lecturas, temas controversiales y series. Nunca nos hemos peleado, cosa que para mí es prácticamente todo un logro. Las cosas de las que puedo hablarte, incluso cuando no entiendes del todo, me hace constatar que en definitiva tengo una de las mejores amigas que alguien pueda tener. Me alegro de que estés en mi vida, no tienes idea de cuánto.

Porque la forma paciente en la que me escuchas, aconsejas y reprendes es una forma de paz para mí; yo que soy un ser no sé si precisamente alocado pero sí al menos un tanto estúpido, necesita de eso: una forma de paz que no todos pueden darme. Porque no es precisamente que calmes mi corazón y lo calientes de tal forma que los miedos se extinguen, es más bien una forma de paz que no consuela en sí, pero que no me permite, no me deja agachar un segundo la cabeza, me ayuda a ver claro incluso con lágrimas en los ojos. Tu paciencia me da la fuerza que tanto necesito.

Cada que hablo sobre las personas que me importan y lo mucho que me han ayudado, no puedo evitar sentir un atisbo de egoísmo en mi alma. Te explicaré por qué:

Me siento un poco egoísta porque no sé si yo les he retribuido al menos un poco de todo lo que me han dado, no sé si por ser tan especiales los quiero sólo para mí (no en un sentido en el que sólo seamos dos, si no en un sentido en el que por ejemplo, tú me des a mí sin que yo te de nada a ti) y ese ligerísimo sentimiento egoísta me asusta un poco porque me grita que entonces no somos verdaderos amigos. A veces intento ignorar el atisbo de egoísmo que comienzo a sentir en mi alma, porque si le hago caso y se agranda, me destruiría una realidad construida sólo por mí, lo que entonces dejaría nada más y nada menos que una simple fantasía que me ayudó a sobrellevar los días, por lo que yo también quedaría, en algún punto, destruida.

Pero luego ustedes, las personas que quiero, me siguen hablando y diciendo también que yo les he ayudado y que yo también les amo sin necesidad de retribución de su parte, así que el cretino egoísmo se esfuma (aunque no para siempre).

Fin de explicación.

Puede que crezcamos tanto que nuestra amistad quede parada en algún punto, pero si de algo estoy segura es que, si se detiene, se habrá detenido en un punto maravilloso y ambas los llevaremos lo mejor de la otra recordándonos con amor y cariño hasta donde la memoria nos permita recordar; si nunca se detiene, entonces te llevaré en mi frágil corazón hasta donde este pueda latir. Y puede que no sea así, por su puesto, pero lo que ha nacido de nuestra amistad me ha permito ver que no somos esa clase de amigas que pueden llegar a odiarse (quiero creer).

No sólo eres paciencia para mí, también eres valentía, algo que me hacía tanta falta y que ahora me llega con más facilidad que nunca. Te debo esa.

Ahora quisiera exponer lo siguiente:

Cuando las cartas se hacen públicas pierden y ganan. Ganan algo de misterio, pierden todo de personal. A veces es mucho más fácil ser abierta en una carta que en un escrito que va dirigido desde que es pensando a un público pero ¿qué sucede con las cartas que nacen desde lo personal pero también para ser públicas? Consiguen ese misterio tan único de las cartas, no pierden todo de personal, pero también se exponen a un juicio un poco más severo (cosa que sabes me aterra).

Cuando leí las cartas de Séneca, o de Kant a algún amigo, la exposición era realmente fascinante. Ellos no las hicieron para que fuesen publicadas y juzgadas (sin embargo tampoco es como si hablasen de una forma muy personal), las hicieron sólo para personas específicas y para que esa forma específica juzgara: daba igual lo que el resto del mundo tuviera que decir, sólo importaba el “quién” de a quien iba dirigido. Sin embargo, en esa línea de lo personal, también logré subrayar palabras y oraciones concluyendo que cosas que para Séneca y Kant tal vez no importaba. Yo y todos los lectores de esas cartas que no nacieron para ser públicas, no sólo violamos la privacidad de unos muertos, también nos fascinamos con hacerlo, fue como encontrar un tesoro.

Pero esta carta es diferente. Ninguna editorial la rescatará y dirá “Dios mío, Fulana de Tal escribió esto, hagámoslo público” y la gente tampoco comprará esta carta de una manera jubilosa. Yo misma me rescato y vivo el jubileo.

La razón, querida amiga, es que tú eres un punto clave en mi vida. Marcas un antes y un después; eres parte de mi cambio y eso te lo agradeceré siempre.

Cada que pienso en mí siendo valiente y publicando un libro, me imagino tu nombre y el de mi mejor amiga en la dedicatoria y en los agradecimientos. Porque ustedes dos, aunque de maneras muy distintas cada una, me han dado todo lo que no tenía para salir adelante y concentrarme en mis proyectos.

Muchas gracias por eso, por ser una de las impulsoras de mis letras, por darte el tiempo de leer y criticar, por escuchar y reprender, por ser sólo una amiga o la mejor contrincante en el campo de debates. Gracias por estar para mí de las maneras más mundanas posibles; por las risas, las sonrisas, las groserías y los buenos tiempos. Gracias por las series y libros compartidos, eso es uno de los más grandes tesoros de nuestra amistad. Gracias por tu paciencia y valentía. Y gracias, muchas gracias por haber estado y seguir aquí.

Xoxo.

-Z.

***

Por lo que es público sin nacer necesariamente así.


    Escritora.


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