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Muro

abril 9, 2021

Muro

Mis ojos arden y parece que se mueven por sí solos, me imploran cerrarse, pero no puedo. Debo mantenerme alerta porque la tristeza va a llegar en cualquier momento, quiero estar preparada, ojalá no me agarre durmiendo.

Uno de mis muros de seguridad se está derrumbando, desde ciertos ángulos ya se puede verme desnuda, descubierta, completamente alcanzable. Sé que me van a perforar y lastimar, alcanzo a ver cómo empiezan a acercarse, quieren tocarme, el muro sigue cayendo.

Con las manos intento repararlo, pero ladrillo que pongo ladrillo que cae. Soy completamente inútil para reparar cosas, especialmente a mí misma. Y la tristeza está más cerca, hasta puedo ver su amable saludo. Creo que sólo tengo que sentarme y esperarla, aunque ya cierre los ojos.

Ha comenzado a llover, el muro está completamente desecho y me estoy mojando. La tristeza está aquí, decidí recibirla con un abrazo, aunque los brazos están tensos.

Ella me recordó que fui yo quien comenzó a derrumbar el muro, fui yo quien decidió empezar a tirarlo. He depositado todas mis fuerzas en no dejar caer algo que yo misma empecé a derribar, era cuestión de tiempo de que el muro quisiera caer por sí solo, ignorando mis suplicas. La tristeza me ha dicho que a veces estas cosas pasan, que todavía puedo repararlo o pedirle disculpas al muro. Tengo miedo de que no quiera escucharme, de que no quiera volver a asegurarme.

Mi miedo se ha cumplido, uno de mis muros de seguridad ha caído, y yo caigo con él. Ambos nos hemos sumergido en la tristeza y no sabemos cómo encontrarnos en este mar de murria. No sabemos cómo ayudarnos, cómo levantarnos, cómo servirnos. Nos pesa recordar lo que un día fuimos, cuando ambos fuimos muros del otro, cuando podíamos poner nuestro peso y ni siquiera nos tambaleábamos. Nos pesa saber que construimos nuestros muros de seguridad a la par y que los firmamos con un “por siempre” que hoy significa “hasta nunca”. Parece que en vez de cemento usamos lodo, o tal vez mis egoísmos fueron capaces de convertir el concreto en pura miseria. Fui yo quien comenzó a derribar el muro.

La tristeza nos llama de diferentes maneras, a mí me ha hecho decir “disculpa”, pero al muro le hizo decir “no puedo regresar a protegerte.” Y no puedo culparle, lo acepto, es mi último acto de servicio con el muro.

Listo, estoy completamente al descubierto, comienzo a sentir cómo se me perfora el alma, me duele el pecho, la cabeza y los pies. Los brazos siguen tensos, pero ahora porque me aferro con todas mis fuerzas a la tristeza ya que no tengo uno de mis muros.

He estado cerrando los ojos, nadando en el mar de melancolía sin encontrar cemento suficiente para construir un nuevo muro de seguridad. Creo que no podré hacerlo, no puedo poner un muro nuevo donde había estado uno que decía “por siempre”. Tal vez vuelva, tal vez se construya por sí solo en el mismo lugar en el que se encontraba. Ojalá lo haga, lo extraño, lo quiero, lo necesito. Prometo no volver a empezar a derribarlo.

A uno de mis muros de seguridad que fue construido desde el 07 de febrero del 2015 al 13 de junio del mismo año.

Escrito con mucho egoísmo.


    Escritora.



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