Desahogo y reseñas

Uncategorized

Me enfermé de miedo

octubre 10, 2019

Me enfermé de miedo

Me enfermé de miedo en el avión, no fue la altura ni los nervios de experiencias nuevas a mis pies. No fueron las ansias de saber que no había marcha atrás en ningún aspecto del viaje, ni la paz que me producía saber que era inútil a esas alturas, literalmente, arrepentirme de algo.

Sentí como los niveles de endorfina bajaban mientras las primeras gotas caían en el platito de la destilación de mis pensamientos. ¿Y si sí había hablado de más? ¿Y si incluso a mi corazón le había prometido cosas que no podría cumplir? Me entró en el corazón un aire que lo hizo llorar de acongojo, y los espasmos de dolor en mi psique iban aumentando.


¿Por qué no podía detenerlos?


Me tomé unas pastillas de dos horas de Spotify para mitigar el desmadre que traía en la cabeza. Yo estaba acostumbrada a que la distancia estirara la cuerda de mis sentimientos hasta romperla. Cuando regresaba tenía que volver a ponerme el chip de querer a x o y. A veces funcionaba, otras la señal nunca volvía a entrar.

Nunca pude dormir en el avión. Yo siempre duermo en los vuelos, como una bebé.

Ignoré mi malestar como hago siempre con los tangibles y los abstractos. Mi teoría del «no tengo tiempo para» y la de «si no le presto atención, se irá» se repetían inconscientemente en el hemisferio izquierdo. Los días comenzaron a escurrirse como arena de tiempo entre mis manos y sin querer, los espasmos se detuvieron. Mi corazón ya no lloraba por el aire que le había entrado en el avión. Estaba acongojado por anhelo.

Anhelo de esos besos, necesidad de esos abrazos, deseo frenético de las carcajadas que me hacía soltar todo día que lo viere. Era un dolorcito que me gustaba tener, porque le contaba a mi mente lo cálido que aún podía ser dentro de mí. A pesar de mi historia, a pesar de los 3°C que hacía en las calles de la ciudad.

No podía creer lo concretos que se pintaban los limites de mi quererle. Enmarcaban cuidarme y hacer todo lo posible por salvaguardar el corazón que traía en la maleta.

A la fecha, me invade la incredulidad y se me pintan los ojos de brillo alegre cada que pienso en la magnitud de lo que está pasando: 10 mil kilómetros no pudieron con mi amor por él. Y hay días en los que siento que 5 meses tampoco podrán.


    Amo casi cualquier forma de arte. No puedo vivir sin bailar ni respirar una semana seguida sin escribir. Las letras son mi refugio, y el baile mi manera de exhalar. Tengo 21 años y estudio Mercadotecnia y Medios digitales en México. Todo lo que ven aquí son pedacitos de mí que quise meter en este baúl, son libres de acabárselos a críticas. Al final del día, los lectores hacen al escritor.


    previous post

    No

    next post

    De colores


    Leave a comment

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

    nueve + siete =

    Follow by Email
    Facebook
    Twitter