Desahogo y reseñas

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Martirio

marzo 16, 2019

Martirio

Ya no puedo tomar café, qué martirio. Ya no puedo besarte tampoco, otra clase de martirio. Son dos cosas muy distintas pero ambas duelen un poquito.

Una la dejé porque me hace mucho daño, la otra la dejé porque sólo pude dejar de hacerlo. Apuesto a que sabes muy bien en cuál estás (en la segunda, por si tenías dudas. Tú nunca me hiciste daño).

Odio no poder tomar café, mis mañanas no son lo mismo sin esa deliciosa bebida. Me encantaba despertar temprano en la mañana, especialmente en mis días de descanso (principalmente los viernes) y poner la cafetera, prepararme un bocadillo o tomar algún pancito de dulce de la panera; prendía la televisión, ponía alguna serie en Netflix e iba al baño en lo que el café estaba listo, eran las únicas horas del día en las que me sentaba sola en la sala y disfrutaba sólo de mi compañía. Era mi parte favorita del día: las mañanas con café calientito aún en temporada de calor. Pero eso se acabó (al menos por un buen tiempo) porque gracias a mi gastritis y colitis (se me complicó la colitis al inicio de este nuevo año) lo calientito del café y el café mismo me dañan horriblemente.

Odio no poder besarte, mis días no son lo mismo sin tus deliciosos labios. Me encantaba llegar a la Universidad, esperar la hora adecuada para verte y darte un beso (o muchos); al salir de mi casa temprano, me ponía bálsamo labial y mantenía mis labios hidratados sólo para el esperado baile de nuestras bocas. Era mi otra parte favorita y esta la disfrutaba, usualmente, de lunes a jueves; los minutos y horas robados entre clases o después de ellas, minutos u horas en los que nos podíamos ver y besarnos sin problema era algo que atesoraba mucho, mi estrés disminuía considerablemente y me sentía mucho más segura de todo.  Pero eso se acabó también (al menos por un buen tiempo, si no es que para siempre) porque gracias a nuestros problemas aún no tan graves tuvimos que terminar para terminar bien y seguir siendo amigos (hasta ahora lo vamos haciendo bien).

Me encantaba tomar café y me encantaba besarte. Mis días no son lo mismo sin estas dos cosas, extraño a ambas. Claro está que la enorme diferencia radica en que yo bien puedo prender la cafetera y tomar café bajo mi propia responsabilidad, sin embargo, no puedo llegar a besarte porque estaría muy mal, se me impide besarte (y eso que lo que me hace daño es el café), no lo tengo permitido porque ahora sólo eres mi amigo.

Lamento compararte con el café, pero me duele dejar a ambos y los dos me hacían sentir muy bien. Eran una especie de sedante para sobrellevar mejor la vida diaria de un mundo que viaja rápido, y lo sabes, yo no soy veloz en la vida, tú y el café me daban mucha energía.

No sé cómo llegué a atreverme decir que no me estaba enamorado, qué mala soy mintiendo. En fin, ya no puedo tomar café y tampoco puedo besarte ¿qué le puedo hacer? Así es esto de la vida: no siempre puedes hacer lo que quieres hacer, ni modo.


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