Desahogo y reseñas

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Hasta que el amor muera

enero 6, 2024

Hasta que el amor muera

Yo siempre fui de las que pensaba que el amor era para siempre, siempre. Es decir, todas las veces. No es que piense que no es posible que dure para siempre, pero en algún momento me di cuenta de que los que duran para siempre son un trabajo de todos los días. Y hoy ya no estoy segura de poder ofrecerle eso a alguien: elegirlo todos los días y trabajar todos los días por seguir construyendo el amor. Quizá sea temporal, quizá en algún momento vuelva a querer algo para siempre. Pero hoy, que siento que no puedo desbloquear esta desconexion y desapego intencionado, creo que no seré de las personas que tienen algo para siempre. El amor existe, claro. Sólo que en algún punto, no hace mucho tiempo, se me hizo más factible aceptar que quizá era más atinado un ‘hasta que el amor muera’ que un ‘hasta que la muerte los separe’. Quizás no he encontrado la persona correcta para darlo todo para siempre, aunque pensaba que sí. Pero, ¿es mejor, no? Darse cuenta antes de tomar la decisión definitiva. Ya no creo que todos estemos destinados al amor eterno. Y creo que le quita presión a todos reconocer que no podemos asegurar que el para siempre será para siempre. Recuerdo cuando mi pareja me dijo, en los primeros meses de novios, que pasaría con la posibilidad del divorcio en los matrimonios del grupo religioso al que iba en ese entonces. Y me escandalicé, algo me dolió en el pecho. Hoy soy yo la que ya no quiere comprometerse con un para siempre con él, ni con la idea de formar una familia. Creo que ahora la idea de tener hijos no me llama la atención porque no he encontrado a la persona indicada. (Creo que más bien yo no soy la persona adecuada para ese sueño.) Aunque ya he pensado que más bien tiene que ver con mi tranquilidad de poder decir adiós si no hay criaturas de por medio. Quizá algún día encuentre alguien que le de sentido al para siempre. Y a formar una familia. A construir a larguísimo plazo. Quizás.

Abril 2023

Escribí este texto hace muchos meses, pero no quería colgarlo hasta que mis sentimientos hubieran cambiado. Desde hace un par de años he preferido dejar un poco de aire entre escribirlos y subirlos, pues es más fácil compartir lo que ya se sanó, incluso si sé que este sitio sólo lo ven 10 personas o menos cada mes. Cuando escribí este texto mi corazón estaba muy roto, y aunque hoy la mayoría de estos sentimientos ya no son como cuando escribí (porque el corazón siempre puede volver a amar) lo que quedó fue la paz de saber que no pasa nada si resulta que no todos estamos hechos para el amor de pareja eterno. Ahora puedo querer sin presión a pensar en el futuro, y vivir sólo un día a la vez.


    Amo casi cualquier forma de arte. No puedo vivir sin bailar ni respirar una semana seguida sin escribir. Las letras son mi refugio, y el baile mi manera de exhalar. Tengo 21 años y estudio Mercadotecnia y Medios digitales en México. Todo lo que ven aquí son pedacitos de mí que quise meter en este baúl, son libres de acabárselos a críticas. Al final del día, los lectores hacen al escritor.



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