Desahogo y reseñas

Textos

Filosofía y Letras: análisis diminuto de porqué hoy estoy aquí.

junio 14, 2018

Filosofía y Letras: análisis diminuto de porqué hoy estoy aquí.

Filosofía y Letras

Crecí sabiendo que lo que yo quería era escribir. Me he dedicado a hacerlo por casi 16 años y sigo haciéndolo como en un principio: mal. Y sigo aferrada esto, aunque me quede grande.

Comencé desde que aprendí a escribir, mis padres se convirtieron en las musas de mis distintos poemas y me aventuré también a escribir unos cuantos cuentos. Conforme fui creciendo noté que tenía cierta debilidad para escribir historias y fue así como comenzó mi verdadera pasión.

Toda mi educación primaria se basó en hacer cuentos de fantasía con protagonistas muy parecidos a mí, en secreto comencé a hacer mis pequeñas historias (intentos de novelas) y sin darme cuenta a relatar mis experiencias de una manera más “profunda”. Luego, en secundaria (de mis 12 a 15 años), dejé todo profesionalismo de lado y me aventuré a la moda que me enseñó más de lo que esperaba: fanfiction. Es así como hice por primera vez públicas mis historias y fue como comencé a ganarme cierto “respeto”, la gente comenzaba a conocerme.

Durante todo este tiempo siempre supe que yo quería dedicarme a esto cuando fuera grande. No importaba el costo ni el tiempo que tenía para invertir, era lo que quería. Desde siempre supe que posiblemente entraría a la carrera de Letras Hispánicas y de esa forma podría por fin colocarme como escritora seria.

Luego pasé al bachillerato. Fui a una preparatoria técnica, es decir, no sólo recibía educación de tronco común, sino que además me estaba especializando en algo concreto, este algo fue Contabilidad. Me gustaría destacar algo: jamás quise entrar a esta escuela. Estaba la preparatoria de la universidad del estado, era donde yo quería cursar, pero mis padres querían verme en la mejor preparatoria de  mi municipio (localidad), el CBTis 76. Fue así como comencé un camino amargo de tres años, a fin de cuentas fue mi bendición. Para mi buena suerte, dos de mis mejores amigos también entrarían aquí y además, mi mejor amiga en el planeta estaría en la misma carrera (aunque fuimos en distintos grupos e hicimos nuevos y diferentes amigos. Continuamos siendo las mejores amigas del planeta). Debo decirlo, una de las mejores etapas de mi vida.

Mi escritura decayó mucho en estos tiempos pero no del todo, no lo suficiente para quitarme el sueño de niña. Dejé un poco de lado las historias y me dediqué más a las “reflexiones”, mi vida se tornó un poco oscura y esto me hizo escribir cosas igual de oscuras. Todo me pintaba mal. Dejó de gustarme el fanfiction y me estresaba el tener que hacer esas historias para las personas que me seguían, ya no podía con eso. Comencé otra clase de historias con muy baja recepción y eso me hizo pensar que tal vez esto no era lo mío. Fue ahí cuando un día, en tercer semestre, una amiga me enseñó la convocatoria del concurso nacional “La juventud y la mar”. Leí las bases y decidí intentarlo, casi todos decían que no iba a ganar. Sorpresa, gané. Iba a ser un ganador, es decir, un primer lugar por estado y este conjunto de ganadores tendría el mismo premio: un viaje todo pagado a CDMX y Veracruz por parte de la marina, una serie de libros, maleta y un regalo sorpresa. Una vez más, comprobé que esto era lo que yo quería. Algo muy gracioso sucedió después de esto, mi imaginación colapsó.

Era como si ya no tuviese nada nuevo por hacer, como si mi auge ya hubiese tenido su lugar y ahora me tocara vivir en el olvido. Luego aprendí que los días melancólicos hacen al artista (al menos a mi artista) y las cosas volvieron a la “normalidad”. Gracias a este aprendizaje hice un cuento que sigue siendo mi bebé y orgullo (no es público) e ideas para otras historias se formaron… espero poder tener el valor de publicarlas pronto.

En quinto semestre todos estábamos estresados. Teníamos que empezar a velar por nuestro futuro, a escoger qué queríamos, como ya había dicho, yo siempre me había hecho en Letras Hispánicas, la literatura y yo habíamos sido una sola por mucho tiempo. Mi familia me decía que esto era sólo un pasatiempo, no había lugar para mí en el campo laboral si me dedicaba de lleno a esto, así que pensé en tomar Administración o Contabilidad ya que tenía cierta experiencia en eso. En sexto semestre cursamos una materia que cambiaría por completo mi vida: Filosofía. Para sorpresa de todos (o al menos para sorpresa mía) y gracias al apuro administrativo, escogí la carrera de Filosofía y no de Letras Hispánicas como había pensado toda mi vida. Fue un riesgo. Ignoré sus “consejos” e hice lo que según yo tenía que hacer.

En agosto del año 2016 ingresé a la universidad en el ahora llamado “Instituto de Investigación en Humanidades y Ciencias Sociales” compartiendo edificio con: antropólogos, historiadores, literatos, unos chavos que nadie toma en cuenta porque es una carrera medio rara, y nosotros los filósofos.

Sigo rezando para no arrepentirme nunca, hasta ahora no lo he hecho aunque debo admitir que de vez en cuando envidio a los de Letras. Filosofía me ha cambiado la vida, ha cambiado el rumbo de mis letras, me ha hecho pensar cosas que antes hacía impensables y me ha cambiado a mí.

***

Cosas chistosas me suceden con los libros de filosofía y literatura.

Con los de filosofía mi cabeza explota, me pide que escriba de inmediato y algunas veces me pongo a llorar en el proceso; es una sensación que nunca había experimentado, siempre me deja por los suelos y algunas veces me es difícil reponerme; comprendo menos de lo que he creído leer y al final termino sintiéndome el ser más estúpido en la tierra. De ahí que siempre tenga respuestas negativas y pocas ganas de existir sonriendo. ¡No nos advirtieron de esto al entrar a la carrera!

Con los libros de literatura tengo más experiencia (aunque no logro acostumbrarme del todo). Si es lo que desde mi perspectiva configuro como un “buen libro”, entonces me deja con una sensación de olvido y también inmensas ganas de llorar al terminarle; el libro se convierte en un adorno para mi habitación y termino aborreciéndolo por unos días; pienso en la lectura día y noche rezando para que amanezca con más páginas y la historia no termine nunca. Entonces pasa que encuentro un nuevo tesoro y el anterior se convierte en un bonito recuerdo.

Los de filosofía nunca se vuelven adornos ni bonitos recuerdos, siempre vuelvo a ellos para consulta o para taladrar aún más mi cabeza. Pasa que ahora, incluso cuando leo literatura, las teorías de distintos filósofos atropellan esas letras y leo de forma distinta lo que antes sólo me entretenía y amaba. Maldita filosofía.

Sigo sin saber si seré sólo escritora chafa de ensayos y artículos o si algún día tendré el valor de revelar mis cuentos de fantasía que de filosofía no tienen nada (aunque lo intento). ¿Cuántos libros más tendré que leer antes de descubrir el destino de mi pluma?

XOXO.

Nota: No es una pequeña ni intento de biografía, sólo estoy tratando de descubrirme y lo hago desde un ámbito público. Esta es la mejor manera para mí de hacerlo. Es así como descubro a mis amigos, a mi familia y a mí  misma.


    Escritora.


    previous post

    Te dejo ir

    next post

    H


    Leave a comment

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

    once − cinco =

    Follow by Email
    Facebook
    Twitter