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Reflexiones Textos

El cielo y tú: sepia.

septiembre 4, 2020

El cielo y tú: sepia.

De un color sepia, el cielo llora en amarillos bajos ¿dónde estamos? Es una especie de limbo, no sé si para ambos.

Cuando el sepia aumenta, cada vez a un color más oscuro pero que no llega a la oscuridad, te encuentro ahí. No sé el por qué de mis lágrimas, pero estás en cada una de ellas, es como si besaras mi rostro, como si abrazaras mi alma.

Te miro desde aquí, desde donde estoy, desde donde soy y no puedo evitar preguntarme en si vas a seguirme amando cuando me veas desde ese color marrón. Estoy siendo yo, creo que desde mi forma más pura, en ese tono sepia justo después del atardecer, cuando la noche comienza a llegar pero sin estar del todo presente, dime ¿vas a seguirme amando? Porque estoy hecha de indecisiones, de preguntas y de abismos en una misma personalidad ¿a quién ves cuando me ves? ¿desde qué color lo haces?

El cielo se está tintando café, te siento más cerca. ¿Sabes quién soy? ¿Sabes qué estoy haciendo? Estoy en tus brazos, no sé cómo lo has hecho pero estamos en el sepia eterno, existe una calidez de por medio que nos tiene envueltos. La noche siempre llega pero evitas la oscuridad, la noche existe entre nosotros pero no se siente negra, sólo somos ese tono café ¿te gusta cómo luce? Es lo que ambos hemos creado para el nosotros.

***

Hablar sobre los colores con los que vemos a quienes amamos es muy relativo. Una de mis mejores amigas es azul, otra es amarillo y a quien considero el amor de mi vida es sepia: un marrón amarillento, quiero hablar de este tono en particular.

El cielo y tú: sepia.

Por muchos años he sentido que hay un par de horas en particular que me parecen interesantes: el momento en el que el cielo se tinta marrón, un sepia que da la sensación de estar en otro siglo. El cielo ya ha pasado por la hora dorada y por el rojo de su atardecer, es justo el momento donde aún guarda un poco de luz pero esta no es brillante, es suficiente, es poco agraciada y se siente eterna, se prepara para la oscuridad completa así que se mantiene en ese marrón tan distintivo.

Este momento del día me ha inquietado durante mucho tiempo. Me parece poco estable, indeciso, es como si el cielo no supiera qué hacer y se mantiene en sepia esperando impaciente la noche. Y me impaciento con él rezando por que la oscuridad llegue, no porque ame la oscuridad, si no porque me parece estable cuando el sepia no lo es.

¿Qué relación tiene el cielo sepia y tú?

Cuando te escucho es como si fueras la voz que llevo escuchando toda la vida, como si hubieses estado presente en cada instante de mi existencia: me pareces eterno. Te mantienes iluminando(me), estás en constante presencia evitando la oscuridad completa, es tu forma de protegerme.

A veces no sé ni dónde estoy, me tropiezo y me pierdo… pero me encuentras, siempre me encuentras, me tocas y es como si sacaras lo que yo tengo de luz; nos quedamos en un sitio, sin separarnos, no encuentro mejor lugar para ser yo.

Eres donde está bien equivocarse y no ser perfecta, eres en cada momento el instante de seguridad pese a que tú también tienes esta sensación de inquietud. Cómo me haces preguntarme cosas, cómo me haces pensar, cómo me haces desear momentos más estables aunque está bien no tenerlos.

He aprendido amar esta “inestabilidad” porque amarnos no es algo preciso: amamos de formas distintas todos los días. Te amo por completo cada segundo que pasa, pero a veces amo más tu nariz y a veces amo un poco más tus cejas, otros días amo más a tus ojos y luego amo más tus labios. Hay días en los que te amo más, así nada más y días en los que te amo un poco menos.

Te lo he dicho varias veces, me aterraba la idea de amarte precisamente por esta constante pregunta. Es un tornado de sentimientos y sensaciones, son tantísimas cosas las que andan revoloteando, volando y elevándose, aunque sí, me parece bellísimo y me alegra tanto estar contigo envuelta en este remolino.

Eres sepia: momento constante de luz y calidez eterna.

***

Esto no tiene un tinte romántico, ojalá se entienda.


    Escritora.



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