Desahogo y reseñas

Textos

Él, Aquellos y Ellos.

mayo 25, 2019

Él, Aquellos y Ellos.

Los despojaron de él.

El adiós fue incómodo; las gracias parecían forzadas, las sonrisas lucían falsas y aquellas caras tristes no llegaban a los ojos.

Los despojaron de él, tanto que aquellos hicieron parecer que él jamás estuvo ahí, en la vida de ellos, en su día a día.

Qué fácil fue borrar su rastro material, qué manera tan efectiva de hacerlo, tanto, que incluso a veces ellos, en sus corazones y mentes, olvidan que él estuvo alguna vez ahí; prácticamente los obligaron a sentir eso.

Murió de madrugada en el sillón más grande de un juego de sala nuevo. Murió en compañía (la de ellos), con un rezar intenso. Se podría decir que murió rodeado de amor, pero eso a aquellos no les importó. Una vez que dejó su último suspiro en la tierra junto con una lágrima que trazó un camino en su mejilla, aquellos obraron como si jamás hubiese suspirado en el mundo. Cuando la lágrima se evaporó de su rostro ya sin vida, lo alejaron de ellos. La familia que lo acogió no pudo ni decir adiós con el suficiente pudor y orgullo.

Aquellos se lo llevaron a él como pretexto para poder llevarse sus cosas, todas sus jodidas cosas. Su cuerpo no importaba, velarlo no importaba, enterrarlo no importaba: sólo importaban sus prendas, su cuenta bancaria y sus aparatos electrónicos.

Qué enojo, qué tristeza, que confusión. Ningún sentimiento pudo salir a flote como debió salir porque aquellos no permitieron ni eso ¿qué pasaba por sus mentes? Tal vez pensaban que “ellos” no eran su “verdadera” familia, o tal vez su ambición por los cuántos dólares que dejó en sus bolsillos el muerto, les cegaron tanto que no pudieron ver los sentimientos de la familia a la que él realmente estaba dejando. Qué egoístas.

A veces la familia mira el sillón en el que murió con cierta confusión, ellos no están del todo seguros de cómo deben sentirse porque jamás les permitieron el luto.  A veces se acuestan en ese sillón y piensan en el muerto y en lo que debió sentir cada que se acostó ahí, a veces hasta se imaginan sus últimos momentos.

Ha sido un proceso difícil y confuso pues, así como él llegó de rápido a sus vidas, sin aviso y permiso, aquellos se lo llevaron igual: rápido y sin permiso.

Aquellos jamás se preocuparon por él, por su dolor, por su pesar, por su miedo e inseguridad. Jamás comprendieron su camino a la muerte y tampoco les importó la velocidad con la que lo recorría. Aquellos fueron incapaces de sentir tantita empatía por él, por su sufrimiento, por lo que lo estaba matando. Aquellos querían que terminara rápido sin importarles lo que ellos sentían ¿acaso nunca vieron el dolor del padre de la familia que lo acogió? ¿Nunca notaron su preocupación e impotencia en sus ojos? ¿No fueron capaces de distinguir su disgusto y sufrimiento? Parece que aquellos veían a la enfermad del muerto como un signo de pesos y a la familia que lo acogió como el impedimento para llegar a esos billetes.

Sólo queda decir: ¿qué es esta mierda que llega con la indiferencia? La indiferencia abrazando por completo los corazones de aquella gente egoísta hizo que arribara algo que no se esperaba en una escena tan dramática: la mierda de poder mirar a otro lado cuando él y la familia sufrían; la mierda de sonreír hipócritamente cuando él daba la impresión de sentirse un poquito mejor; la mierda de hacer cómo que estaban a gusto cuando la familia mostraba algo de esperanza; la mierda de ser esa clase de persona que no aporta pero que quita mucho, ahora la pregunta es ¿cómo puedes ser esa mierda de persona cuando tantos sufren? Aquellos supieron personificar esa mierda y la hicieron llegar a cada rincón de dolor; supieron apoderarse de la vulnerabilidad de él y de ellos para después hacerse pasar como los mártires y los que sufrían la pena… y qué pena, en serio qué pena.

Los despojaron de él cuando él nunca les importó a aquellos. Los despojaron y lo quisieron desparecer sintiéndose con el absurdo derecho de poder hacerlo, quisieron aparentar  que ese suceso tan trascendente que marcó la vida de ellos nunca sucedió. Que. Nunca. Sucedió.

Los despojaron de él restando importancia a toda una vida de la que, en cosa de minutos, se adueñaron (peor que la muerte misma).


***
Rezo para que él haya encontrado esa paz que tanto necesitaba, por supuesto y bajo las creencias de ellos, en el Cielo.  26/05/2018.


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