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COINCIDENCIAS

agosto 11, 2018

COINCIDENCIAS

Sobre las coincidencias no sé mucho, más bien, no sé nada.

No sé por qué suceden las cosas, tampoco sé por qué tardan a veces en suceder. No entiendo cómo se está manejando el tiempo, ni por qué ocurre en ciertos espacios. No puedo hablar concretamente sobre las cosas que han sucedido porque siempre termina siendo un tipo de cadena interminable, y las coincidencias que aparecen en esa cadena son estremecedoras.

Decimos constantemente “qué pequeño es el mundo”, con extrañeza lo miramos y retrocedemos ante las coincidencias que al parecer le hacen tan diminuto. Le sonreímos perplejos, asustados y mareados pues no encontramos una respuesta inmediata ante lo que está sucediendo; “qué pequeño es el mundo”, parece ser lo único que podemos decir y pensar.

Conocemos a gente que se relaciona con otra gente que luego también se relaciona con nosotros y decimos “vaya coincidencia”. Parecía tan lejana la relación de unos con otros pero en realidad está a la vuelta de la esquina.

Tal vez esa cadena es como opera el mundo: formando todo tipo de relaciones que  al parecer no tienen que ver nada con nosotros pero terminan con y en nosotros. Sólo coincidencias.

Me he dado cuenta de que solemos responder con sonrisas a las coincidencias, a veces también con amargura y enojo pero siempre con sorpresa. Es como si algunos cabos sueltos de nuestra vida se ataran, es como cerrar por fin algo que teníamos abierto de mucho tiempo atrás y que no sabíamos ni por qué estaba abierto. Es como si se conociera una parte del mundo que jamás se creyó conocer. Lo tratamos como un secreto y un tesoro, un algo místico que saca del apuro. Las coincidencias son infinitamente extrañas.

“Qué pequeño es el mundo”, decimos en susurros esperando que el mundo no nos oiga, esperando que no se entere de que hemos descubierto su secreto para con nosotros.

Hacemos un viaje a nuestro pasado posándonos en los momentos de coincidencias, haciendo paradas en lugares y personas que parecían tan inofensivos en ese momento pero que dentro del ahora se cuelgan de nosotros a través de una coincidencia que sólo se desarrolló hasta que llegó un “después”.

No nos cansamos de las coincidencias aunque siempre aparezcan de repente. No nos cansamos de ellas incluso cuando llegan a hacer más grandes algunas heridas, pensamos que tal vez es necesario, pues es “pura coincidencia”.

“Qué pequeño es el mundo”, nos decimos entre nosotros mientras nos reímos o sopesamos los momentos. Es gracioso que a este punto el mundo no nos parezca asfixiante, entrometido y jodido; parece que las coincidencias se encargan, pese a todo, de suavizar un poco los golpes de asfixia que sin duda se presentarían con facilidad ante la ridícula pequeñez del mundo.

Qué pequeño es el mundo o, tal vez, las coincidencias se den en una escala grandísima que logran darle la vuelta en una cantidad infinita.


    Escritora.


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