Desahogo y reseñas

Reflexiones Textos

Claro que puedo

marzo 10, 2019

Claro que puedo

Por un momento tuve ganas de volcarme en lo que sentía por ti. Pensé que sólo era yo. Quiero fingir que no me dolió, como sí de verdad mi corazón no hubiese latido dos o tres veces ya por ti. Con lo que me cuesta que se descongele y quiera bombear la sangre para que me sienta viva.

Estuve a punto de quitarme el paracaídas otra vez, y no sé que pensar, porque a pesar de mis travesuras yo quisiera que tú sólo me quisieras a mí. A pesar de que yo no te quiero, de que llevo diciéndote un mes que sí.

El abismo entre un «me gustas» que cierto sé, y un «te quiero» que no me nace sentir.

No te quiero, pero me gusta estar contigo, me gusta platicar contigo, me gusta la forma en la que me haces reír con tus burlas, tus fastidios y tus locuras. Y yo amo que me hagan reír. Porque guapo no eres, supongo que lo sabes.

Lo único que no quiero compartir son tus sentimientos; tu cuerpo, las caricias y besos que des no me interesan, porque todos podemos conseguir algo físico con sólo pedirlo. Yo, tronando los dedos.

Pero si me dices que nuestra escapada juntos, que nuestra cocinada juntos, la comida hecha en tu parrillita eléctrica, que las canciones que cantamos juntos con tu guitarra y tu fea voz, que ver fuegos artificiales abrazados, que todas las cosas que hemos platicado, no significan nada, eso sí me rompería.

Yo quiero poder besar otra boca sin que me montes un show, acostarme en otra cama sin que cuestiones mi lealtad. Por una vez que se tenga algo de sentimientos y acuerdos mutuos fuera de lo moral, nadie va a morirse, si se rasgan las vestiduras, nosotros nos quitamos las nuestras.

Porque hay cosas que no podré hacer contigo en cuidado de mi latido mental, si me quedo en un solo lugar, echo raíces. Estar en más de dos lugares es la única manera que tengo de no echar raíces.

Corro por necesidad.

No quiero atarme, ni siquiera a ti, quiero poder seguir corriendo como caballo desbocado. Porque, maldita sea, claro que puedo ser feliz sin ti, pero no quiero.


    Amo casi cualquier forma de arte. No puedo vivir sin bailar ni respirar una semana seguida sin escribir. Las letras son mi refugio, y el baile mi manera de exhalar. Tengo 21 años y estudio Mercadotecnia y Medios digitales en México. Todo lo que ven aquí son pedacitos de mí que quise meter en este baúl, son libres de acabárselos a críticas. Al final del día, los lectores hacen al escritor.



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