Desahogo y reseñas

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ASFIXIA

marzo 4, 2018

ASFIXIA

ASFIXIA

1.- Desde la entrada a mi colonia hasta mi casa son aproximadamente tres minutos, máximo cinco. Tengo un paso muy veloz porque mi papá me acostumbró a caminar de esa forma, las otras personas se harían entre siete y diez minutos en esa distancia.

2.- Hay dos posibles paradas en las que las que la combi* puede bajarme (para dos distintos autobuses que me llevan directo a la universidad. Mi universidad se encuentra en otro municipio, la capital de mi estado, así que estoy un tanto lejos de ahí) en la primera está un sitio de taxis y es un poco solitario pese a que mucha gente baja ahí.  Tengo que cruzar un puente ya que el tráfico es pesado y es riesgoso cruzar la calle así; el puente tiene mala fama por lo que siempre me aseguro de que el final del puente no haya gente y que arriba de este tampoco se encuentre nadie. Subo lo más rápido posible y lo cruzo casi corriendo… también le temo a las alturas. De ahí camino una cuadra un tanto pequeña en la que cruzo una también pequeña avenida que tiene en la esquina un depósito de cerveza. La siguiente parada está a dos cuadras y sólo cruzo la calle, sin puentes y relativamente más seguro (hay semáforo y está bastante despejado).

3.- En la universidad mi transitar es realmente irrelevante. Claro, hasta que paso por la facultad de derecho para llegar a mi Instituto.

4.- Cuando regreso de la universidad suelo bajarme en un pueblo cercano a mi casa (que está en otro municipio). Cruzo una carretera muy transitada y riesgosa pero la parada es mucho más cercana y segura. El transporte que pasa por ahí no me lleva directo a mi casa, sólo pasa por la entrada mi colonia, así que aquí se vuelve al punto uno.

5.- Los días sábados voy a clases de inglés en el centro de mi municipio. La combi me deja en una esquina y camino entre seis y ocho minutos pues son unas cuantas cuadras las que tengo que recorrer. Ese lugar suele ser muy solitario. Imagina esto, la escuela está a la mitad de una cuadra, por lo que llego de un lado y me voy por el otro, literalmente doy la vuelta. De regreso me voy, como dije, por el otro lado, porque por alguna razón el lado derecho es mucho mejor para bajar y el lado izquierdo para irme, sin embargo el camino es mucho más largo, muchas cuadras y calles completamente solas.

¿Por qué describir mis diarias caminatas? Sumándolas ni siquiera se hace una mitad de hora (claro que si tomamos el tiempo de espera en lo que me subo a algún transporte mi tiempo en calle es de aproximadamente unos 45 minutos). Estoy segurísima de que esto es irrelevante para el lector, y espero no haberte aburrido con los cinco puntos anteriores, ojalá sigas leyendo lo que tengo que decir.

La espera es una de las peores partes de mi día, al menos caminando siento un poco de control sobre mí, pero es también muy asfixiante.

Asfixiante, vaya palabra tan poderosa. Cuando toma sentido en tu vida es aún más potente. Asfixia cada minuto de espera y cada minuto de camino. Asfixia cada hombre con el cruzas y asfixia cada mirada recibida. Asfixia la constante impotencia porque siempre, siempre, siempre tiene que suceder algo que no estaba planeado en tu rutina diaria.

Los poquísimos minutos que me apartan de mi casa son exageradamente asfixiantes, porque no sé si podré llegar completamente bien, porque los puntos dos, tres y cuatro ya me jodieron bastante y no sé si podré soportar el punto uno. Algún hombre me pisa los talones desde que cruce la famosísima carretera Cuernavaca-Cuautla o algún coche con personas sin identificar va demasiado cerca. Lo primero que hago es meterme a la tienda más cercana y perder tiempo ahí en lo que la calle se desaloja, repito, camino muy rápido. Estar tan cerca de mi casa y con tantos posibles peligro son la cosa más dolorosa de mi vida. ¿Grito? ¿Corro? O es que es más fácil hacer como que nada sucede… tal vez sólo estoy paranoica pero mierda, mierda, mierda, la paranoia también asfixia. Cuando llego a mi casa chiflando para que abran la puerta y mi perro ladra y rasguña la reja sé que la asfixia ha terminado su trabajo para ese día.

Cuando me bajo en el sitio de taxis siempre tengo miedo. Porque los taxistas dicen cosas desagradables y me hunden en sus palabras. Cruzar el puente y esperar un asalto resulta ser lo menos asfixiante, hasta que bajo y cruzo la pequeña cuadra en la que bastantes hombres se aseguraron de dejarme claro que soy una mujer “cogible”, me asfixia saber que ya me pensaron desnuda y posicionada en sus cuerpos sin siquiera conocerme. Prefiero volver al puente y mirar hacia abajo con todo y mi estúpido miedo a las alturas… prefiero ese miedo.

Me asfixia la facultad de derecho, la única facultad que no me hace sentir insegura dentro de la universidad, y eso que sólo cruzo un pasillo. Sus asquerosas miradas, sus horribles gestos y sus constantes murmullos cortan mi respiración.

Y básicamente es la misma historia en cada una de mis caminatas diarias. Vivo asfixiada con miedo a ahogarme en cualquier momento. Y aun así se han encargado de echarnos la culpa. No voy a prostituirme, y aunque lo hiciera ¿quién les ha dado el derecho de poner sus manos sobre nuestros cuellos? Hago todo lo que me han pedido hacer, hago todo lo que una “niña buena” debe hacer y no es suficiente, siguen asfixiándome. Use lo que use de ropa siempre es motivo para pisotearme. Camine por donde camine siempre hay algún brillante poeta que grite a los cuatro vientos sus necesidades básicas cumplidas con mi cuerpo. Porque los hijos de puta son tan cobardes que no son capaces ni de vernos las caras.

Me asfixia no ser tan libre como ustedes, no tener los mismos miedos que ustedes. Me asfixia que haga lo que haga SIEMPRE VA A SER MI CULPA POR SER UNA PUTA, perdón, MUJER. Me asfixia y mucho, pero ¿saben? Respirando poco he sido más valiente que ellos. Respirando poco me salvé de ellos. Respirando poco puedo luchar, por ellas. Por las que ya no están, por las que siguen aquí con un infernal recuerdo, por las que pueden pasarlo. Con la cara morada del poco aire que tengo puedo hacer más que esos pocos huevos en sus taxis, en la calle y en la escuela.

Cada noche cuando planeo mi día siguiente jamás pienso en ellos,  nunca. Elevo oraciones y me olvido de lo que pasé horas atrás. Armo mi outfit sin importarme mucho el mañana y cuando el mañana llega, bueno, pues empieza la asfixia. Al menos yo puedo dormir tranquila.

Porque Dios nos tiene aquí, y aquí nos quedaremos. Porque Dios nos quiere vivas, y vivas nosotras nos queremos.

*Combi: es un transporte público más pequeño y convencional.

Nota: NO soy feminista. Puedo compartir ideas con ellas pero no soy feminista, ninguna clase de feminismo es de mi agrado (ni el clásico ni el actual). Soy mujer y me importa este tema, si tienes algo que contar no dudes en escribirnos. Si tienes algo que criticar, tampoco dudes en hacerlo.

LA VIDA ES PRECIOSA Y EL MUNDO PESE A TODO TAMBIÉN LO ES, HAY QUE QUERERNOS MUCHO.


    Escritora.


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