Desahogo y reseñas

Reflexiones

ALGO

julio 20, 2018

ALGO

Una vez que le conocí las cosas cambiaron. “Algo” era lo que ahora sucedía y determinar qué es me resulta harto difícil.

Antes de hablarle sólo conocía su voz, nunca tan alejada, algo profunda y hasta chistosa. Le miraba de reojo y también me miraba a mí. Pasábamos de largo y nos poníamos nerviosos en nuestros ligeros encuentros en el estacionamiento de nuestro Instituto. Me aprendí su horario y sabía a qué hora llegaba y a qué hora solía irse. Los días en los que estaría más tiempo yo decidía arreglarme un poco más, sólo para gustarle.

Un día decidí mandarle mensaje y contestó de inmediato aunque con sequedad. Platicamos de estupideces que nada decían del otro y terminé por dejarle un visto.

Luego de unas semanas volví a mandarle mensaje con el pretexto de un libro. Esta vez se animó un poco más y volvimos a lo de siempre. Nos veíamos, era lo único que hacíamos; ninguno sonreía, no nos atrevíamos a decir palabra en persona, sólo nos veíamos.

Nuestros amigos nos hacían burla. Ambos bandos eran bastantes obvios. Ambos bandos se quedaban callados cuando uno de los dos pasaba. Ambos bandos sonreían cada que alguno aparecía en escena.

Otro día decidí quedarme a una presentación en la que estaría participando la persona de las miradas misteriosas: me cautivó, me atrapó por completo, me encantó.

Por fin decidí mandarle un mensaje invitándole a salir y aceptó de inmediato. Algo sucedió y las cosas cambiaron. Nos hicimos más íntimos y platicamos de todo lo que pudimos platicar. Quedamos para una segunda vez y nos permitimos conocernos un poco más. Moría por besarle pero para mi suerte se encontraba en un estado enfermo. Me pareció un gesto tan tierno en el que estando medio muerto haya decidido acudir a nuestra cita y caminar por unas dos horas, creo que eso fue mejor que un beso. Sigo con ganas de besarle y saber qué sucede. Algo está sucediendo y me cuesta trabajo saber qué es.

Ahora nuestros amigos no están en medio. Ninguno tiene que lidiar con ellos y volver al mismo escenario universitario es algo que me aterra. No sé qué es lo que siento, pero sé que es algo. Algo que me hace sonreír cuando llega un mensaje. Algo que me molesta cuando nunca coquetea (porque nunca lo hace). Algo que duele cuando pienso en que tal vez no funcione. Algo que me estremece cuando sólo pienso en su profunda y chistosa voz. Algo que me hace sentir mal cuando alguien más sí coquetea conmigo. Algo que no sabía que podía sentir.

El misterio se ha acabado y temo que ese sea el fin de un amor que no se pudo dar. Tal vez debimos quedarnos en nuestras miradas infinitas.


    Escritora.


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