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Acostumbrada a temblar

agosto 18, 2020

Acostumbrada a temblar

Pese a que el tiempo ha pasado, aún no sé cómo comenzó; me cuesta encontrar el principio, descubrir la razón, hallar el motivo, tocar la circunstancia que lo detonó. Sé que hubo un punto de partida, o tal vez fueron muchos primeros puntitos que al final resultaron uno que estalló… hubo un momento en el que me di cuenta de que algo no estaba del todo bien conmigo.

Iba todavía en secundaria, estaba en mis 14 y el miedo me abrazó para no soltarme jamás. Siempre he sido alguien que evita el conflicto, no me gusta verme envuelta en situaciones que puedan dañar mi integridad física o que sean desagradables de vivir, entonces ante cualquier atisbo de “esto no está bien”, comienzo a sentir pánico y a retroceder con muchísimo temor, pero en mis 14 sucedió algo un poco distinto: miedo a morir.

Mi miedo a la muerte comenzó con una pregunta “¿qué pasará si muero?”, pero luego comenzó a ser “¿qué pasará si muero mañana?” y cuando me di cuenta, yo estaba llorando desconsolada porque chance podría morir mañana. Pasaba noches enteras sin dormir por miedo a morir mientras lo hacía. La idea de mis padres y hermanos viendo mi cuerpo frío me causaba un dolor inexplicable. Mientras estaba en clases era feliz, no pensaba más en la muerte, pero luego, en el trayecto a mi casa, caminando sola, los pensamientos volvían a inundarme.

En ese entonces yo no pensaba en las causas, sólo en el suceso en sí: muerta. Comenzó a disiparse cuando yo misma escribí sobre la muerte, quise verme más grande que ella “no me vas a ganar” le decía temblando. Y así fue desapareciendo ese pensamiento en específico, sin embargo, es algo que ha tenido múltiples transformaciones y siempre comienza con mi miedo.

Yo no sabía cómo se sentía mi ansiedad así que mi pecho duro, contracturado y la dolencia de este era un signo de que me estaba dando un paro cardiaco. No sé cuántas veces pensé “ataque al corazón” y enseguida comencé a sentir el entumecimiento de mi brazo izquierdo, el sudor en mis manos y el pecho doliendo. Lloraba creyendo que eso era todo de mí, que iba a morir a causa de un infarto en cualquier momento, “no es normal sentir esto”, decía. Abrazaba a mis padres y pensaba “tal vez es la última vez que lo haga porque me está doliendo el pecho” y lloraba en sus brazos diciéndoles que chance me estaba pasando algo. Ya no tenía 14, iba en la prepa y otra vez, cada que estaba con mis amigos yo no me sentía muriendo.

Pero también superé el infarto. Descubrí que era ansiedad y que era posible clamarla y sí, el dolor llegaba a desaparecer después de un rato, nada de qué preocuparse… al menos cardiacamente hablando.

Mi miedo llega a niveles impresionantes, piensa en un sinfín de cosas cada que me duele algo o cuando sucede en mí alguna cosa “anormal”. Sigo pensando en mi miedo a morir, me aterra creer que algún día no estaré aquí, es algo que no puedo pensar sin llorar porque no quiero… no puedo.

¿Cuánta vida no me he quitado ya pensando en ESTO? ¿Cuánta vida no dejé ir entre mis dedos preocupándome tanto por la muerte que no está aquí?

Estoy muy cansada de mí misma y de que cada dolor presente en mi cuerpo me haga sentir al borde de un precipicio. Quiero ser libre de mi mente y dejar ir al miedo, vivir sin miedo.

A veces este sentimiento toma cada grieta mía, se apodera de lo que soy, de mis movimientos. El miedo me calla y habla por mí: a veces soy sólo miedo, no sé si está bien. Es difícil hablar conmigo cuando me encuentro en este estado y para colmo, suelo estar en este estado. No razono, no escucho, no hay nada que pueda aliviarme, sí debe ser frustrante relacionarse conmigo.

En ocasiones me miro desde fuera porque el miedo me divide y al menos deja a una parte que sí razona un poco. Me miro de fuera como una extraña, me grito que salga, que por favor deje de estar atormentada y aterrada… que dura he sido conmigo misma.

Nunca sabré cómo comenzó, regresaría el tiempo para cambiar esto.

Ya no quiero pensar sobre la muerte, tampoco quiero escribir sobre ella… pero está ahí, porque ella sucede, siempre sucede. Está en mi abuelo, en mi tía, en mi tío, en aquella persona que dio su último respiro en mi sofá, en la cama de mi bisabuela, en el piso de mi viejita, en nuestro dolor.

Aunque le digamos que se vaya, que por favor hoy no, ella llega, no cumple caprichos y es ahí cuando vuelvo a temerle porque no cumple caprichos.

Espero empezar a verla con resignación, poder decir un día “todos vamos a morir” sin sentir mis piernas temblar, no temerle y aceptar que ella pasa y que cuando pasa no hay regreso… en serio me cuesta.

A raíz de mi miedo a morir muchos otros temores han salido a la luz (aunque en su mayoría tienen una relación directa o hasta indirecta con la muerte). Estoy invadida por esta forma de sentir la vida misma, qué horror.

Ay el miedo, mi miedo, los miedos. Estoy cansada de esto y muy acostumbrada a temblar.


    Escritora.



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