Desahogo y reseñas

Textos

2 de abril

abril 16, 2019

2 de abril

Lo voy a escribir sin adornos, así como me ha nacido del corazón, del pensamiento. Aunque parezca no tener orden, aunque parezca no hacer sentido. Como un Picasso.

Y voy a brincar de tercera persona a segunda indistintamente, aunque esté hablando del mismo él.

No recuerdo las palabras exactas que utilizó para pedirme disculpas, sólo recuerdo lo que sentí: que lo decía de forma sincera, que lo decía de corazón. Leí en sus ojos y sentí en su tacto (tan familiar para mi piel, como si no hubieran pasado casi doce meses), que me estaba hablando con la mirada y con los labios.

Nos contamos secretos, él sabía lo mucho que me gustaban, y yo sabía que el querría escuchar lo que yo quería contarle en ese momento.

Fue como si tuviera días y no meses que toda esa Odisea sentimental había pasado. Fue como si me acabara de bajar de un crucero de vacaciones y no del Titanic. Quizás es cierto que hay algunas almas que no importa cómo, están destinadas a seguir estando juntas, como amigos, como familia, como lo que sea. A seguir encontrándose. Aún se siente surreal lo que pasó, y no puedo evitar pensar que quizás fue un sueño, porque (fuck) fue tan bonito.

Cuando nos abrazamos, yo sentí como si alguien uniera dos partes rotas en mí, fuiste como el pegamento que juntó dos versiones mías, la anterior, que amó, y la de ahora, que se había vuelto fuerte y sabía lo que quería y lo que no quería.

Y lo sentí como 10 minutos, nunca ha habido nadie que desfigure tanto mi percepción del tiempo como él, hoy lo volví a confirmar. Supongo que mi alma estaba muy contenta de volver a caminar junto a la suya, de volver a escuchar a la suya hablarle a la mía. Cuando atisbé la hora en el reloj de su celular, había pasado más de media hora desde que me había subido al mismo camión que él, más de treinta minutos desde que me había dejado la unidad anterior.

Yo sé que nada de esto ha sido casualidad, y sé que todos estos últimos días me han preparado para esto. Todas las cosas que tuve que acomodar y que dejé que se acomodaran estas últimas semanas, incluso el dolor y la ansiedad que generaron esos cambios, valieron hoy la pena. El hecho de poder mirarlo a los ojos y poder decirnos todas estas cosas… sufriría diez veces todo lo que me pasó en estos días con tal de que todo quedara como hoy quedó.

Mis naufragios ya no valen la pena.

Ya no tengo que buscarlo en otras personas, porque lo encontré hoy. Ya no tengo que buscar cariño en otro lugar, porque hoy quedé reparada, no sé cómo, no sé porqué. Pero así fue. I looked for love in every stranger, took too much to ease the anger. All for you. Nunca pensé que esto fuera a liberarme en serio. A calmar mi sed. Nunca pensé que fuera a ser hoy.

Supe que había tenido esa necesidad de encontrarlo cuando ésta desapareció de mi psique. Fue instantáneo.

Y no es que quiera volver con él, no es que quiera besarlo, o estar con él otra vez en la cama. No. Lo amo todavía, pero sé que estamos mejor así, sin estar juntos. Lo extraño en el buen sentido, en el sentido noble de la expresión. Extraño platicar con él, extraño la manera en la que él ve el mundo, extraño sus manías y sus berrinches… Incluso la manera en la que desaceleraba los míos. No sé qué vaya a pasar con nosotros después, pero, ahora, estaremos mejor intentando ser amigos.

Creí que te irías dolido, con esa expresión que te nace en el rostro cuando no me quieres decir las cosas, con una mezcla de miedo a herirme y orgullo a que te vea sensible o herido. Y supongo que fue donde Dios intervino, y te ablandó el corazón. Bajó tu guardia y elevó mi paciencia y mi humildad al cien, algo que creo que sólo pasaba seguido contigo. Antes.

Entonces ya no tuve que traducirte mi espíritu, ni que escrutar el tuyo. Nos dijimos lo que teníamos que decirnos. Sé que te costó más trabajo, porque siempre te costaba ser sincero con tus sentimientos profundos. Entiendo que tenías los sentimientos encontrados. Entiendo que no entendías cómo cabían dos tú dentro de tu pecho. El que quería ahorcarme y el que quería abrazarme.

-Prometo que no pasarán los años, que arrancaré del calendario las despedidas grises.

-Los días más felices no han llegado.

-Te prometo olvidar mis cicatrices

-…y devolver lo que he robado a tus dos ojos tristes.

-Te prometo que nos mudaremos pronto del fracaso y desconcierto a la calle del silencio.

:Te prometo que vamos a volvernos eternos

Me costó mucho pedirte disculpas, sobre todo por lo que no sabía que te había hecho daño.

Cuando me abrazó, mi cuerpo o, específicamente mi cintura, sintió como si algo volviera a su lugar. Extrañaba esos abrazos, esos brazos en esa posición alrededor de mi espalda. Y se lo dije, porque necesitaba decírselo, y quizás él necesitaba escucharlo. Me di cuenta de que había adelgazado porque ahora más brazo suyo rodeaba mi cintura, era menos cintura para tanto brazo, para tanto abrazo.

No puedo creer lo necesario que era para los dos vernos ya. No puedo creer que a pesar de todo tuviera una buena concepción sobre mí. Hubiera pensado que me tenía en un rincón arrumbada, con los recuerdos que quieres quemar. No puedo creer lo ciega que estaba al no ponerme en sus zapatos al nivel necesario para entender todo lo que pasaba por su cabeza. No puedo creer que seguimos teniendo el problema del “chingada madre, que es rojo” y el “no mames, se súper ve que es azul”. Pero aprendí mucho de eso con él. Que cada cabeza de verdad es un mundo, y las cosas difícilmente las vamos a ver igual. Lo que a él le duele yo podría haberlo hecho sin pensar. Lo que a mí me duele él lo hizo sin intención de lastimarme, siempre procurando que yo estuviera bien.

Dijiste cosas que no sabía que pensaras de mí, pero que quizás necesitaba escuchar de tu boca. Siento que todo pasó para que hoy pudiéramos hablarnos con las palabras exactas, con los gestos y las intenciones casi claras. Me encantó poderte decir lo mucho que había aprendido contigo. Poderte decir que sé que vas a llegar lejos, que tienes todas las herramientas. Porque es la verdad. Eres un hombre muy inteligente, eres una buena persona, y tienes una necedad (que para que te lo diga yo, es bastante)… que sé que lograrás lo que te propongas.

Y espero estar ahí para verlo. Vas a llegar muuuuuuuuy lejos.

Me gustó que se preocupara por mí, me gustó ver que había adelgazado, que sus chistes sigan siendo igual de malos, que siga diciendo que siempre han sido buenos. Que su familia esté bien.

Amé todos los secretos que me contó. Amé poder desvelarle los míos.

Amé poder decirle (primero con temor a elevar su ego, después con paz al ver que le conmovía de manera sana) lo mucho que lo había extrañado, todas las veces que me acordaba de él, que seguía rezando por él, que todos los días me acordaba de él, que aún tenía cosas que él me había dado, que podríamos vernos una vez al mes.

La parte que me asustaba de verlo, era la desconfianza sobre mis impulsos. ¿Y si no resistía besarlo? ¿Y si su lunar sobre los labios me gritaba que me había extrañado 300 días? ¿Y si por alguna razón terminábamos amándonos una vez más entre sus sábanas? Todo podía pasar.

Y no. Lo logramos.

Verte y hablar me trajo una paz que no sabía que existiera, es como un nivel más alto de la que experimenté cuando nos separamos hace casi un año. Fue a marcha forzada tu proceso hoy, y lo hiciste perfecto. Amé tu madurez. Amé ver la paz en tus ojos. Amé verte diferente pero que el brillo en tus pupilas fuera el mismo.

Aprendí que estar tranquila y estar en paz son diferentes, después de confundirlos muchos meses. El escozor de la duda siempre fue la diferencia.

Estoy reparada, entera. Escuchar todas esas cosas que me contaste me ha hecho feliz, y sin querer, le devolviste a mi corazón las ganas de amar.

Amé escuchar que me veía muy bonita, que porqué ese vestido… Que sus ojos me miraran como siempre, como si nada. Como si nadie, como si nunca.


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